Carlos Iván Caballero G.

Médico veterinario de la UP ha logrado diseñar, a través de la recopilación de datos, algunos métodos que pueden ayudar a combatir el referido parásito.
El médico veterinario y profesor de la Facultad de Ciencias Agropecuarias, doctor Edwin Pile, dio a conocer que algunas sustancias naturales pueden utilizarse para combatir las garrapatas y las infestaciones que estos parásitos transmiten. Cita extractos purificados como el carvacrol, el eugenol y el timol -derivados del orégano, el tomillo y el geranio-. El especialista aclara que se trata de algunas metodologías que están fundamentadas en datos.
Sostiene que, desde hace algunos años, los esfuerzos de la química médica se han dirigido hacia las investigaciones botánicas y que los productos naturales mencionados alcanzan hasta un 95% de eficacia en experimentos in vitro para controlar garrapatas y mosquitos en sus fases larvaria y adulta.
El profesor también destaca la importancia de aplicar cal en muros y paredes, lo cual permite un sellado en las pequeñas grietas donde se refugian las fases inmaduras del parásito. Además, produce una alcalinización química que modifica el pH de las superficies y crea un ambiente hostil para la supervivencia del parásito.
Explica que el control de ectoparásitos -organismos que viven en la superficie de otro organismo- enfrenta una crisis global.
Según el especialista, el uso repetitivo, simultáneo y mal regulado de sustancias farmacológicas ha acelerado el desarrollo de poblaciones de garrapatas multirresistentes en todo el mundo.
El doctor Pile sostiene que la “resistencia química” ya no debe entenderse como una falta de eficacia de los productos, sino como un sofisticado mecanismo adaptativo mediante el cual el parásito logra evadir el veneno.
Las garrapatas de la familia Ixodidae (que incluye géneros como Rhipicephalus sanguineus y Haemaphysalis longicornis) son enemigos silenciosos de la salud global. Frente a esta amenaza, la ciencia ha diseñado soluciones bajo el modelo de “Una Sola Salud” (One Health).

La falta de control efectivo expone a los perros a infecciones por bacterias y parásitos que atacan los glóbulos rojos, provocando anemias severas y una caída drástica de plaquetas.
Pile señala que la convivencia de las mascotas en entornos urbanos y rurales se torna en un puente epidemiológico potencial, ya que los patógenos que alberga tienen la capacidad para infectar a cualquier miembro de la familia.
Investigaciones recientes de biología molecular han demos-trado la magnitud del problema: más del 50% de las garrapatas marrones (Rhipicephalus sanguineus) que atacan al perro portan una mutación genética denominada T2134C. Esta sutil modificación otorga a los parásitos una inmunidad casi total frente a los insecticidas sintéticos.
Tratar exclusivamente al perro es ignorar la raíz del problema; la presencia del parásito sobre el animal es solo la referencia superficial de una enorme complicación biológica. Esto se debe a que la garrapata pasa la mayor parte de su “vida libre” en la infraestructura del entorno doméstico.
El éxito colonizador de estos ácaros en los hogares se basa en un comportamiento biológico innato. Cuando las larvas emergen, responden a un estímulo que las obliga a trepar por muros y zócalos en dirección opuesta a la gravedad. Así, se alejan del suelo y se posicionan estratégicamente para dejarse caer sobre el perro cuando este transita cerca.
El médico veterinario aclara que, en muchas ocasiones, los residuos de los químicos aplicados a las mascotas terminan en los ríos a través de las corrientes de agua. Esto genera impactos biológicos nocivos que diezman comunidades enteras de insectos beneficiosos y organismos acuáticos.
Las afectaciones también implican exponer a los residentes de una vivienda a graves riesgos debido a la toxicidad cruzada que puede producirse.