Mgter. Jorge Díaz D. (Director ICASE 1986-1989)
Unos cuantos años después de su creación, llegó a la dirección del Icase, Ángela Árrue, educadora con una trayectoria de docente progresista, exigente y crítica. Su presencia cambió radicalmente el trabajo en esta unidad académica, donde impulsó el modelo metodológico Acción-Reflexión-Acción mediante el que no solo se trataba de conocer los problemas educativos, sino también de proponer soluciones. Bajo su conducción con el apoyo de especialistas de Unesco, OEA y panameños se diseñó un nuevo Icase que asumió una forma de hacer docencia, investigación y extensión universitaria, que trascendió los límites patrios y sus ondas se expandieron por todo Centroamérica y llegaron hasta México y Argentina.
Ese cambio significó para las instituciones con las cuales estuvo en contacto dejar el empirismo y el ensayo-error como métodos de solución de problemas, y también el apego a la realidad, a la consideración del contexto y la participación de los distintos actores sociales y para quienes trabajamos con ella en el ICASE involucrarnos con todos los sentidos en las faenas.
Allí es donde se sintió el impacto e importancia de la atinada conducción de Ángela, pues creó las condiciones para que el límite del rendimiento individual fuera la capacidad de uno mismo. Pero esa capacidad se acrecentaba con los resultados de las acciones y la reflexión individual y colectiva. Para ella, no había problema que no se pudiera enfrentar. Había que analizarlo, hacer propuestas, discutirlas, sustentarlas y ponerlas en marcha. Sin embargo, no era una caminata en solitario.
Ella la seguía, y era enriquecida con evaluaciones periódicas al final del proceso. En el Icase, la evaluación del docente, los programas, personal administrativo, la autoevaluación de los participantes de los cursos, y la institución, eran monedas de uso corriente. Esto configuró un ambiente de trabajo que generaba confianza y responsabilidad: Confianza en asignar tareas, y responsabilidad en asumirlas; someterlas a evaluación para retroalimentar el proceso.
Pero, lo más importante e imperecedero de este modelo Acción-Reflexión-Acción fue que durante los 14 años de su conducción, se convirtió en un crisol de formación, creatividad e innovación, que conformó un equipo de trabajo de especialistas nacionales y una pléyade de egresados de sus programas que son ejemplo de educadores con responsabilidad y creatividad, comprometidos con el mejoramiento de la calidad de la Educación.
La impronta de Doña Ángela marcó para siempre el derrotero del Icase.