Mgter. Juanito Ortega Ríos
Todas las organizaciones desean tener buenos jefes y jefas, el problema consiste en la percepción que se tiene con el concepto de “bueno” o “malo”, ya que en la mayoría de los casos consideramos como bueno aquello que más se ajusta a nuestras necesidades y como malo lo opuesto a lo anteriormente descrito. En el ámbito laboral, tenemos que comprender que los jefes o líderes son seres humanos, que, al igual que cualquier mortal, tienen defectos y virtudes; por tal motivo, los líderes no son tan excelentes como quisiéramos que fueran, en todo caso se pude decir que el liderazgo no es innato y, por consiguiente, se puede desarrollar si buscamos la forma correcta de hacerlo.
Cuando desarrollamos las habilidades del liderazgo, mediante el aprendizaje significativo, que comprende la adquisición de competencias mediante el conocimiento y las vivencias a través del tiempo, podernos decir que nuestras organizaciones tienen buenos jefes o líderes, cuando construimos en este ser humano el compromiso de servir mediante actitudes positivas, que conllevan a desarrollar habilidades de persuasión y respeto a sus compañeros de trabajo.
Los buenos jefes o líderes son aquellos que demuestran, mediante sus hechos, sus potencialidades, sin dejar de un lado la parte humana, son capaces de identificar cuál es su rol dentro de la organización, saben lo que su equipo de trabajo esperan de ellos, conocen el sentido que tiene el trabajo delegado, aunque sea considerado como rutinario y comparte el éxito obtenido. La monotonía en las tareas diarias es un factor desmotivador, por tal motivo, un buen líder es capaz de desarrollar el talento de sus compañeros, debe adoptar las fortalezas de su equipo de trabajo, no solo de lo que se hace bien, sino de aquello que se puede hacer mejor, de esta forma se reducen los nudos críticos y se consigue que los colaboradores aprendan y tomen sus propias decisiones.
A los colaboradores no solamente les interesa saber que son útiles en el ámbito laboral, sino que son importantes; por tal motivo, el buen líder debe reconocer la labor meritoria y preocuparse por las necesidades que tiene el colaborador, ya que el jefe que habla mucho y escucha poco es difícil que genere compromiso en su entorno. Influir en los compañeros de trabajo, de manera espontánea, es una competencia que debe tener un buen líder, para ello, debe poseer la capacidad de motivar y enamorar, mediante acciones positivas que surgen del corazón, las cuales deben ser disfrutadas porque carecen de elementos tóxicos y crean sinergia positiva duradera.
En definitiva, los buenos líderes no son personas perfectas, son sujetos que disfrutan de la vida, no se viven quejando, hacen sentir bien a su equipo de trabajo, son entes constructivos y generadores de aspectos positivos, son coherentes con lo que dicen y hacen, tienen seguidores que los respetan por lo que proyectan y están convencidos de que el éxito no está en lo que tienen, sino en cómo lo utilizas para el bienestar colectivo.