Carmen Guevara C. texto y fotografía
El Manito es una palabra que define, entre el pueblo ocueño, la costumbre de saludarse de mano y decir “Ta’ la Manito”. Ocú es un distrito, ubicado en la provincia de Herrera, en la República de Panamá, fundado en 1836, con una superficie de 618 km² y una población de 16,594 habitantes. La iniciativa de crear este festival fue de un grupo de educadores, que sintieron la necesidad de ver formalizadas todas aquellas ferias y festivales que se llevaban a cabo en Ocú. Es en agosto de 1967, cuando se decide ponerle un nombre a todas las celebraciones efectuadas desde los inicios de la República, y desde entonces se celebra, de una manera más formal, manifiesta Zoila Castillero, miembro del patronato del festival. En diciembre de1999, se logra la aprobación de la Ley 53, que declara como Fiesta Folclórica Nacional, de la República de Panamá, al Festival Nacional del Manito en Ocú.
En este cuadragésimo octavo festival, pudimos visitar nuestro pueblo y apreciar una ventana de las tradiciones folclóricas, donde los visitantes pueden disfrutar y apreciar el “Matrimonio Campesino”, “Duelo del Tamarindo”, “Penitente de la otra vida”, “El bendito y carga del rancho”, postales actuales de un mosaico cultural que refleja, en la juventud y la niñez, la reserva que busca mantener viva las más bellas costumbres de esta región. Montuno ocueño Ocú preserva una tradición que data de la época de los españoles, con sus vestidos, de manera intacta y cuidando cada detalle de su uso. Este vistoso y colorido atuendo pertenece al periodo en que aún estábamos unidos a la gran Colombia. Es por ello, que los colores tradicionales son el rojo, amarillo y azul, porque eran los únicos colores de hilo que se vendían en ese entonces. El montuno está compuesto por una camisa o Cotona y un calzón o chingo, confeccionado con tela de manta sucia.
Hay que señalar que el chingo se usa solo y sin calzoncillo, pues este lleva una pequeña costura que permite al hombre posar sus genitales. Las labores que lleva se hacen en punto de cruz o marcado, espiguetas de concha, espigueta dormida, amor oculto, tramos simétricos, corazones, motivos caprichosos, caminos, talcos. Los botones son hechos con semilla de calabazo, los cuales son cocidos con hilo. Vestido de la dama La pollera montuna está compuesta por una camisa de dos arandelas terminadas en encaje y enjaretadas con lana que terminan en lazos igualmente de lana, tanto adelante como atrás, que pueden ser dos tipos de enjaretado: el sencillo y el enjaretado triangular. Las camisas son blancas, aunque las hay de fondo blanco con capullitos o bolitas. El faldón es de zaraza o percal, dividida en tres sustos (tramos) que pueden llevar o no cesgo (solo de dos a tres líneas).
Los aderezos son: sombrero blanco ocueño, paño o rebozo, bolsita, pañuelito, capullito o florecitas naturales sobre las orejas. Como prendas podemos mencionar: los zarcillos o dormilonas, cadena chata, guachapalí, tapa hueso y los collares de cuentitas o lágrimas de la virgen. La enagua de la pollera montuna es sencilla y no lleva ningún tejido. Y el vestido es lucido descalza. El cabello va recogido con dos trenzas hacia atrás, tejidas desde la mitad de la trenza con lana, de no tener suficiente cabello para trenzas llevarlo suelto jamás usar trenzas postizas. Matrimonio Campesino Se trata de un matrimonio típico en el que la novia luce una pollera blanca y el novio una camisilla, después de la ceremonia los novios son paseados a caballo por el pueblo y agasajados con un brindis. La selección para que una pareja realice su matrimonio católico, se realiza a través de una tómbola con los nombres de los interesados de los siete corregimientos que conforman el distrito, este es el plato fuerte de las actividades.
El sacerdote de la parroquia San Sebastián de Ocú, Jonathan Mendoza, dijo que son muchas las parejas que aspiran a ser protagonistas del evento, pero finalmente una es la agraciada. Duelo de Tamarindo Para las fiestas de Santa Rosa, en tiempos pasados, la gente de los campos y áreas aledañas bajaban al pueblo. El consumo excesivo de chicha fuerte y de otros licores, provocaba borrachera y ciertos problemas entre algunos de los participantes de la fiesta.
Sin embargo, en dichas celebraciones, muchas veces se encontraban personas que anteriormente habían tenido algún tipo de problema o agravio. Para la amanecida del día, se presentaba una situación que ni los ronderos (policías de este tiempo) podían detener: el duelo. Uno de los hombres arrastaba la manta de ballesta bajo el palo de tamarindo, como retando a su rival. Si este decidía aceptar el reto, ambos desenfundaban los sables para empezar la pelea. El duelo no se acababa hasta que uno de los dos muriera.