Miguel de Cervantes Saavedra

Jue, 23/04/2020 - 15:55
Cervantes
Autor:

Redacción web

 

Fue un gran escritor español. Nació en el año 1547, en la ciudad española llamada Alcalá de Henares. En el año de 1569, un tal Miguel de Cervantes fue condenado en Madrid a arresto y amputación de la mano derecha por herir a un tal Antonio de Segura. No se sabe si Cervantes salió de España ese mismo año huyendo de esta sanción, pero lo cierto es que en diciembre de 1569 se encontraba en los dominios españoles en Italia, provisto de un certificado de cristiano viejo (sin ascendientes judíos o moros), y meses después era soldado en la compañía de Diego de Urbina. Por eso, se alistó como soldado y estuvo en la guerra contra los turcos. Peleó con gran valentía. Pero, durante la batalla de Lepanto, recibió dos heridas graves en el pecho y otra en un brazo. Perdió este, más salvo la vida.

Cuando sanó, siguió guerreando con un solo brazo. En 1575, los moros lo apresaron. Luego lo vendieron como esclavo. Cinco años después, un monje pagó por su libertad.

¡Por fin, volvió a España en 1580! Tras su regreso se dedicó a escribir. Publicó La Galatea, una novela pastoril. También, Las Novelas Ejemplares, doce novelas cortas con muy buena enseñanza. Al escribir Don Quijote, Cervantes fue adquiriendo gran fama: hasta llegar a ser considerado hoy como el mejor escritor que ha dado la lengua española.

Las fuentes del arte de Cervantes como novelista son complejas: por un lado, don Quijote y Sancho son parodia de los caballeros andantes y sus escuderos; por otro, en ellos mismos se exalta la fidelidad al honor y a la lucha por los débiles.

El Quijote

A principios del año 1605, apareció en Madrid El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha. Su autor era por entonces un hombre enjuto, delgado, de cincuenta y ocho años, tolerante con su turbulenta familia, poco hábil para ganar dinero, pusilánime en tiempos de paz y decidido en los de guerra. La fama fue inmediata, pero los efectos económicos apenas se hicieron notar. Cuando en junio de 1605 toda la familia Cervantes, con el escritor a la cabeza, fue a la cárcel por unas horas a causa de un turbio asunto que solo tangencialmente les tocaba (la muerte de un caballero asistido por las mujeres de la familia, ocurrida tras ser herido a las puertas de la casa), don Quijote y Sancho ya pertenecían al acervo popular.

Don Quijote enloquece leyendo libros de caballerías (ilustración de Gustave Doré, 1863)

Su autor, mientras tanto, seguía pasando estrecheces. No le ofreció respiro ni siquiera la vida literaria: animado por el éxito del Quijote, ingresó en 1609 en la Cofradía de Esclavos del Santísimo Sacramento, a la que también pertenecían Lope de Vega y Francisco de Quevedo. Era esta costumbre de la época, que ofrecía a Cervantes la oportunidad de obtener algún protectorado.

En el Quijote confluyen, pues, realismo y fantasía, meditación y reflexión sobre la literatura: los personajes discuten sobre su propia entidad mientras las fronteras entre delirio y razón; ficción y realidad se borran una y otra vez. Pero, el derrotero de Cervantes, que asistió tanto a las glorias imperiales de Lepanto como a las derrotas de la Invencible ante las costas de Inglaterra, solo conoció los sinsabores de la pobreza y las zozobras ante el poder. Al revés que su personaje, no pudo escapar nunca de su destino de hidalgo, soldado y pobre.

A principios de 1616, estaba terminando una novela de aventuras en estilo bizantino: Los trabajos de Persiles y Sigismunda. El 19 de abril recibió la extremaunción y al día siguiente redactó la dedicatoria al conde de Lemos, ofrenda que ha sido considerada como exquisita muestra de su genio y conmovedora expresión autobiográfica: «Ayer me dieron la extremaunción y hoy escribo esta; el tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir...».

Entre el 22 y el 23 de abril de 1616, murió en su casa de Madrid, asistido por su esposa y una de sus sobrinas; envuelto en su hábito franciscano y con el rostro sin cubrir, fue enterrado en el convento de las trinitarias descalzas, en la entonces llamada calle de Cantarranas.

 

Este texto extraído de la edición escolar de la Colección Biblioteca Susaeta.

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