Magister Jeannette Vásquez Vargas Docente Escuela de Trabajo Social, Centro Regional Universitario de Azuero.Universidad de Panamá
La pandemia Covid-19 ha sido una experiencia excepcional tanto en nuestra vida personal, familiar y social, por las grandes implicaciones e incertidumbres que ha generado a nivel mundial, nacional, regional y especialmente en el núcleo familiar.
Este nuevo escenario ha puesto en evidencia las brechas de desigualdad en nuestras familias a nivel socioeconómico y de salud emocional; generando angustias, temores, miedos, conflictos e inseguridad.
Específicamente, las medidas de confinamiento obligado están produciendo una sobrecarga a lo interno de la estructura familiar con cambios drásticos y acelerados en su funcionamiento.
Este confinamiento está propiciando en el interior de las familias, el espíritu machista, que aún permanece, y la mujer sufre, porque se han incrementado las tareas domésticas que en muchas parejas han provocado estrés lo que ha derivado en conflictos internos, provocando la violencia de género, porque frente a esa convivencia prolongada se tienen que tolerar y soportar todas las horas del día en el hogar.
Por otro lado, la pandemia, en familias nucleares con hijos menores, produce una sobrecarga emocional, ya que muchos padres han quedado sin empleo y por supuesto sin ingresos fijos, por lo que, tienen que buscar otros recursos para la subsistencia ante la necesidad de satisfacer las necesidades básicas de alimentación, pues solo cuentan con el paliativo esporádico de un bono, una bolsa de comida o un vale, que ha creado el Estado, como una alternativa.
No obstante, esta falta de certeza de cuando todo vuelva a la normalidad tensiona el clima familiar con desesperación y desesperanzas.
Existen familias monoparentales, por ejemplo, donde solo cuentan con la madre como jefa de hogar, la misma se constituye en el único soporte de la familia, que realiza varias funciones a la vez, como el trabajo doméstico no remunerado, en casa; el cuidado de los niños y jóvenes, personas con discapacidad y en ocasiones de adultos mayores. A esta realidad se une el caso de que, si está laborando, la situación actual la obliga a hacer teletrabajo, lo que dificulta en ocasiones la capacidad de armonizar los tiempos laborales, familiares y personales.
En el caso de estas familias monoparentales, en donde los menores y adolescentes no asisten a las escuelas y deben ser orientados para que esta práctica educativa no se pierda, y para la cual muchas madres tampoco están capacitadas, pero se debe aprovechar el momento para enseñarles a organizarse, distribuir su tiempo, guiarlos en el cumplimiento de las tareas y obligaciones en el hogar y aún más, profundizar en la práctica de la higiene y las medidas preventivas de sanitización para evitar el contagio del Covid-19.
Otra realidad compleja que se vive con ese mensaje de “Quédate en casa”, es el de la arquitectura de la vivienda familiar en algunas zonas, tanto de áreas urbanas como rurales, no cuentan con las condiciones óptimas para la higiene ni los servicios básicos de luz, agua lo cual agrava la situación y la convivencia familiar.
Ante esta realidad las familias para mantener la salud mental y la cohesión deben reinventarse: juegos en familias, espacios para compartir, hablar con los vecinos, interactuar más con cada miembro de la familia, promover actividades comunicativas que permitan conocerse mejor, teniendo en mente el mensaje orientador sobre la realidad actual del Covid-19 y lo que debemos hacer para cuidarnos. Paralelo a esto, no se puede soslayar que se deben procurar espacios individuales, debido a que son fundamentales más si hay que realizar teletrabajo.
Como familia nos corresponde desarrollar la resiliencia para enfrentar la crisis, superarla e incluso salir fortalecidos aumentando así, el sentido de identidad, valores, patrones de crianza y sentido de pertenencia familiar para la sana convivencia, marcando límites, pero sin ser autoritarios.
Finalmente, debe quedar claro que el Estado tiene que crear más Políticas Públicas para el fortalecimiento de las familias, con énfasis en la protección social para mejorar las condiciones de vida y lograr un bienestar social, promover la convivencia democrática promover la convivencia democrática y pacífica de las familias a través de la igualdad de género y fortalecer su participación social para que puedan tomar conciencia de sus problemas y ser protagonistas del mantenimiento y funcionamiento adecuado de la misma.