Este 13 de noviembre pasado conmemoramos el Centenario del fallecimiento de Gaspar Octavio Hernández, quien cayó víctima de un fulminante ataque de tisis, mientras redactaba una nota periodística, en la redacción del diario La Estrella de Panamá. De ahí, la fecha para conmemorar el día del Periodista. “Huérfano desde su niñez, hizo de su autoeducación como una manera de afirmar su personalidad de luchador quijotesco contra la adversidad. Leer, leer y leer es el fundamento que le permitía debatir con ideas la problemática de la sociedad. Así reiteró que propensa a la servidumbre vive siempre la nación que no lee”. Fue Concejal del distrito de Panamá, de 1914 a 1916. Dirigió revistas, colaboró con otras y fundó el periódico La Prensa Libre. “Hizo de la pluma un bisturí, una espada para denunciar las lacras sociales. Fue combativo, rebelde sin concesiones al poder establecido. Nada fácil para él, caminó por senderos de ortiga”. Por su afro descendencia sufrió la discriminación junto a Carlos Antonio Mendoza. Ahora bien, este momento, también, es propicio para traer al tapete ciertas consideraciones sobre la comunicación social en sí, las cuales ya hemos señalado en anteriores ocasiones y otras situaciones, actuales, que viven los comunicadores hoy. Hace algunas semanas casi un centenar de comunicadores de las dos mayores corporaciones televisivas del país fueron despedidos, sin respetarse ciertos derechos adquiridos, en algunos casos. En los medios impresos, también, se vive la incertidumbre de la reducción del personal. Para nosotros, las grandes empresas mostraron sus verdaderos rostros y lo que viene para el país. Llegó el momento de discutir sobre el derecho que tiene el ciudadano de informar y ser informado, el derecho a la libertad de información y de expresión. Igualmente, la libertad de publicación, como forma de expresión. Planteamos lo anterior, ya que en nuestros países y, dolorosamente, en nuestros pueblos confundimos esto. La libertad existe, lo que no existe es el conocimiento, la formación y la disposición de nuestra ciudadanía para hacer el uso correcto de esta herramienta. Tenemos que partir -y esto debemos tenerlo bien claro- que los medios de comunicación son empresas privadas, por lo tanto, siempre van a responder a los intereses de sus dueños, de sus corporaciones y de sus bloques de poder económico y político, para poder ejecutar sus planes de control de la sociedad. Nuestro país es un vivo ejemplo de ello, ya que, vemos cotidianamente, como los medios masivos de comunicación manejan la información de acuerdo a lo que más conviene a su grupo político y económico. Aunque nos resulte incómodo y para otros no sea de mucho agrado, hay que decirlo y dejarlo plasmado. La realidad de los comunicadores sociales es sumamente difícil, ya que se les exige mantener una “línea editorial”, la de los dueños, lo que en muchas ocasiones les crea situaciones difíciles, decidir entre lo que les dicta su conciencia, o lo que le dictan quienes les pagan. Para nosotros, la verdadera libertad de expresión y nuestros propios medios de comunicación, tenemos que construirlos nosotros mismos. Los comunicadores sociales verdaderamente independientes, comprometidos con nuestros pueblos, dispuestos a afrontar el sacrificio y enfrentar los obstáculos que nos interpongan, quienes ven en una prensa realmente libre, el peligro de sus intereses. Solo así, podremos llevar a nuestros pueblos a alcanzar un mundo mejor, a lograr la convivencia armónica que plantea la Declaración de Derechos Humanos, donde no exista la injusticia social, donde los hombres puedan convivir pacíficamente, donde acabemos con el hambre y la miseria. Donde exista una equilibrada distribución de la riqueza, un cuidado y control de nuestros recursos naturales y el medio ambiente y, sobre todo, un futuro mejor para las mujeres y hombres que habitamos nuestro país y el planeta tierra.