Eliecer Urriola /Estudiante de Historia
“No es extraño, en consecuencia, que a los jóvenes se les ocurra cambiar el birrete del estudiante por la escarapela del revolucionario incipiente, con grave perjuicio. El estudiante político viene a ser así un ejemplar frustrado del hombre en proceso de formación”, Baltasar Isaza, Panamá 15 de febrero de 1969. Aunque pareciera inocente creer que, en los espacios de la Universidad de Panamá, específicamente en el Campus Central; son utilizados primordialmente para llevar actividades académicas, culturales y sociales. La perspectiva que se genera es una continua pelea de poderes, entre varias organizaciones con las cuales generan todo tipo de alianzas para establecer el funcionamiento de ellas.
Ahora bien, algunos pensarán que solo estoy generalizando, y no, estoy contextualizando la génesis de la presencia estudiantil en dichas áreas, por lo tanto, para que se me entienda, no busco opacar el papel de aquellos jóvenes universitarios que son un baluarte de la intelectualidad, más bien busco identificar las desavenencias que se generan en la casa de estudio superior. Transcurridas las campañas políticas en la Facultad de Humanidades, las asociaciones y federaciones han adoptado un estado de confort caracterizado por los partidos tradicionales, que solo salen a promocionarse durante un corto período de tiempo y se olvidan tanto de sus promesas, como de la población que lo respalda, es por ello, que, en esencia, los partidos políticos universitarios no se alejan de ser un reflejo intrínseco.
“¿Por qué nuestros jóvenes universitarios se lanzan a la lucha callejera y tumultuaria? ¿Qué resortes internos les mueven a provocar tan serios y a veces gravísimos trastornos? ¿Cuáles son los móviles ocultos tras sus frecuentes incursiones en el escenario de la vida nacional que producen, cómo suele suceder, vivísima inquietud y alarma, por los riesgos, daños a la propiedad privada, alteración del orden público y en ocasiones hasta pérdidas de vidas? ¿Por qué abandonan la paz espiritual del aula de clases, la dedicación al estudio, por la entrega a ocupaciones tan alejadas de la misión que les corresponde como estudiantes?”
La crítica que ofrece Baltasar Isaza en la profunda crisis de la Universidad de Panamá es solamente un destello de los cambios que se han presentado desde la década del sesenta, y que aún hasta nuestros días, sigue prevaleciendo la figura del estudiante revoltoso con un juicio inasequible. Aprovechando además las paredes universitarias, para dilatar su presencia, resguardando un espacio físico para ejercer un cargo político e ignorando a la comunidad estudiantil. Seré cuestionado, pero me atrevo a decir que durante cuatro años en la Facultad de Humanidades han reinado las pugnas entre los llamados compañeros (revolucionarios), administrativos y profesorado. Aunado a ello, la justificación de ambos bandos se manifiesta en posturas ideológicas e interpretativas, llevando a agudizar la problemática. Por eso, queridos lectores, ustedes son testigos que, en medio de las constantes peleas, los más afectados son los estudiantes, quedando en el fuego cruzado. Apelo al raciocinio de las partes involucradas.