Por casi 30 días se prolongó la presencia militar estadounidense en la Universidad de Panamá durante la invasión de 1989

Vie, 16/12/2022 - 20:43
Autor:

Gregorio de Gracia/Periodista*Fotos: Cortesia Grupo Experimental de Cine Universitario de la UP (GECU) y https://www.google.com/search?q=Estrella+de+Panam%C3%A1+soldados+EU+peinando+San+Miguelito+Invasi%C3%B2n++1989

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https://www.google.com/search?q=Estrella+de+Panam%C3%A1+soldados+EU+peinando+San+Miguelito+Invasi%C3%B2n++1989

Transcurren 33 años tras aquella lúgubre madrugada del 20 de diciembre de 1989, cuando el ejército más poderoso del mundo invadió a Panamá.

Las narraciones de varios testigos internos apuntan a que la universidad fue intervenida por soldados estadounidenses, al igual que pasó con el resto del país.

Arnoldo Cohen, jefe de Custodio y Valores de las cafeterías, quien en ese entonces laboraba en el Departamento de Protección Universitaria (DPU), se mantuvo en el campus durante esa madrugada.

Su turno empezó a las 9:00 de la noche del 19 de diciembre y debió concluir -evento que no ocurrió- a las 6:00 de la mañana del 20 de diciembre. Su misión era custodiar las facultades de Ciencias de la Educación y Administración Pública, localizadas frente al Complejo Hospitalario de la Caja de Seguro Social.

Cohen testifica que a eso de las 11:45 de la noche escuchó estallidos de bombas y disparos; aduce que el sonido provenía de diferentes partes de la ciudad.

“Entre 4:30 y 5:00 de la mañana mi compañero y yo miramos hacia el estadio de la universidad. A lo lejos venían personas vestidas con uniforme militar color verde. De inmediato, llamé a la base, o sea, a control, para informar lo que estaba aconteciendo, nadie contestó”.

Cohen se retiró hacía el jorón que estaba ubicado entre las dos facultades. Tomó asiento en la silla que estaba junto al escritorio. “Recosté mi cabeza sobre mis rodillas y cerré mis ojos esperando hasta que llegaran”, alegó el trabajador de la Casa de Octavio Méndez Pereira. “Como a los 5 minutos sentí que estrellaron en el escritorio un arma de grueso calibre, eran soldados norteamericanos. Me interrogaron en inglés, preguntando qué hacía en el lugar, y si portaba algún tipo de arma, respondí: solo radio comunicador”.

El soldado ripostó: “Nos informaron que aquí hay armas. Insistí, hasta donde sé, no hay armamento.

El servidor público continúa el relato, para ello, cita a un soldado con acento puertorriqueño, quien en español le informó: “Vamos a revisar los edificios”. Cohen retornó la llamada a control, no respondieron.

El testigo que declaró al Semanario La Universidad, explicó haber recibido una llamada de la Rectoría. La instrucción consistía en revisar las instalaciones en conjunto. Cohen asegura que no encontraron nada. Posteriormente, relata haber revisado el gimnasio. Al entrar se toparon con un enorme mortero sobre unas colchonetas. Según su testimonio concluyeron que este había caído sobre el techo del gimnasio, abriéndole un boquete, no obstante, se mantuvo intacto. Recordó lo agradecido que tuvo con Dios porque el mortero no explotó. Tras el hallazgo, especialistas del ejército estadounidense en armamento bélico, retiraron el arma de guerra.

Nelson Martínez Medianero, vigilante de la Dirección General de las Cafeterías, también estuvo en los terrenos de la universidad para aquellos días. Laboraba en el DPU en la Facultad de Arquitectura. Su testimonio se complementa con la experiencia de Cohen.

Los soldados se acantonaron en la parte externa del portón vehicular de la facultad. En el lugar, entré en un ameno coloquio con ellos. Cuestionaron sobre cómo era custodiada la universidad y si podían ingresar”. Estaban ansiosos por descubrir armas. Suponían que constituía un peligro dejarlos en manos de la población; tenían el área estudiada, sabían que no estábamos armados, sostiene Martínez.

El vigilante de la UP atestigua haber visto un mapa que los soldados conservaban. Ubicaba posiciones fijas, marcadas en rojo, de los posibles focos de almacenamiento de armamento. En tal sentido, habían identificado los puntos donde estaban varias unidades administrativas como la Asociación de Empleados de la Universidad de Panamá (Aseupa), la Dirección de Mantenimiento, la Vicerrectoría de Asuntos Estudiantiles y varios locales. Esto debido a que sospechaban que en estas instalaciones habían municiones. Abrían cualquiera de estos establecimientos, y si estos se mantenían cerrados con candados los reventaban y entraban, atestiguó.

El declarante de la UP, reflejando tristeza en su rostro, comenta: “Nos tocó ver a las personas corriendo por las calles; vendadas y ensangrentadas, gritaban por el dolor, sobre sillas de ruedas y camillas, con destino a la Caja de Seguro Social”. Confiesa haber sido testigo de escenas fuertes, tristes y escalofriantes, que aún hoy pernoctan en su mente, como si el pasado no hubiese transcurrido.

Martínez también agradece a Dios que ningún miembro de la seguridad sufriese lesiones o se convirtiese en víctima mortal.

Resalta, en su propio lenguaje, que durante la invasión personal del DPU se puso los pantalones, al exponer sus vidas para defender del saqueo a la Casa de Méndez Pereira.

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Cortesía Grupo Experimental de Cine Universitario de la UP