Gregorio De Gracia -Carlos Caballero/Fotos: Carlos Caballero

El Campus Octavio Méndez Pereira se caracteriza por ser una zona que posee una variedad extensa de árboles. Destacan especies como guayacán, cedro, roble, falsos sauces y ficus, entre otros. Algunos, por los años de existencia, se han estropeado a causa de hongos y otros males. Para evitar un peligro la universidad se ha visto precisada a talarlos.
Especialistas de la flora nacional, quienes han trabajado un inventario sobre las especies que existen en el campus accedieron a suministrar información al Semanario La Universidad.
La ingeniera forestal Lourdes Rubatino, docente de la Facultad de Ciencias Agropecuarias (FCA), explica que cuando los árboles están enfermos o propensos a correr riesgos, ocurre un proceso natural que se conoce como compartimentación. Es un mecanismo de defensa mediante el cual la especie forma una zona de barrera. Esto significa que las grietas en la corteza se van cerrando para evitar que el hongo penetre y se expanda.
Rubatino revela que en la actualidad existen tomógrafos, tecnología de última generación utilizada en el Ministerio de Ambiente (MiAmbiente) para determinar el estado de salud de los árboles. Dichos tomógrafos son colocados en el tronco. Un haz de luz entra a la especie y determina el grado de enfermedad del árbol, si tiene hongos o si está hueco.

Bernardino Torres trabaja en la Dirección de Salud y Gestión Ambiental (Disga). Comenta que esa dirección tiene registrado cerca de mil talas. Los cortes de especies se hacen debido a diferentes tipos de afectaciones. El inventario se viene realizando desde hace más de 15 años. Se han talado árboles por estar muertos, podridos por dentro o por presentar ramas secas que se tornan en un riesgo para la comunidad universitaria.
Comenta que actualmente hay 20 especies, 4 son sacarinos, ubicados frente al Cine Universitario. Se ven robustos, pero van en decadencia.
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Torres manifiesta que en el campus central existe una variedad de árboles: los falsos sauces, tulipanes, robles, guayacanes, ficus, mangos, y almendro, entre otras. El más afectado es el tulipán africano. Después de cierta edad se les pudre el corazón -centro del árbol-. Esto provoca que aparezcan grietas y luego se convierten en guaridas de animales como zarigüeyas, etc.
Para Arturo Mendieta Bonilla, docente del departamento de Botánica de la Facinet, quien en 2018 realizó una auditoria de árboles enfermos en el campus central, la verificación se hizo para determinar qué especies estaban afectadas.
Menciona que el inventario se efectuó con el fin de prevenir accidentes, ya que algunos árboles habían caído sobre ciertos vehículos. Se lograron registrar especies con comején, con las bases podridas, ramas secas u otras afectaciones, por lo que fueron talados. El más dañado fue el roble sabanero de flores rosadas. Presentaba hongos y deformaciones en sus ramas.
Mendieta asegura que otro problema de los árboles surge debido al llamado matapalo (planta parásita). Germina y se desarrolla con mayor frecuencia en las copas de los árboles de mango. El arbusto parásito se clava en el árbol, al extraerle el agua y los nutrientes, termina matándolo.
Recomienda a la universidad que la siembra de árboles debe hacerse en áreas abiertas y no cerca de los estacionamientos, veredas o edificios. De lo contrario, al crecer pueden levantar las veredas. Esto obliga a cortarles las raíces, lo cual los debilita y con las lluvias y los fuertes vientos pudieran caer.

Ramiro Gómez, exdecano de la Facinet, quien se desempeñó como director de Asuntos Comunales, ahora trabaja ad honorem en la Ciudad del Árbol de la Vicerrectoría de Extensión. Indica que en su momento participó como estudiante de Biología junto al profesor Mendieta, quien hizo una auditoría de árboles que presentaban riesgo en la universidad. Recuerda que a cada árbol se le colocó una placa con su debida identificación y se establecieron registros con coordenadas geográficas de Sistema de Posicionamiento Global (GPS).
Gómez relata que el proyecto fue tan conocido que la Alcaldía de Panamá solicitó apoyo a la universidad para que se realizara el mismo esfuerzo en la urbe capitalina, donde también se hizo una auditoría y se colocaron placas en todas las especies arbóreas.
