El Contador 2: neurodivergencias en clave de acción

Vie, 09/05/2025 - 19:10
Autor:

Rainer Tuñón C. / Director de Relaciones Públicas de la UP

el contador 2
Foto: Warner Bros

 

El síndrome de Savant es un fenómeno fascinante que desafía nuestra comprensión de la discapacidad, el talento y la mente humana. En muchos casos, se manifiesta en personas con trastornos del desarrollo, como el trastorno del espectro autista (TEA), lo que genera una paradoja: habilidades extraordinarias emergen en contextos de dificultad cognitiva o social.

El psiquiatra Darold Treffert, una de las principales autoridades en el tema, definió esta condición como “una isla de genialidad que sobresale en el contexto de una discapacidad generalizada”. Entre las habilidades más comunes observadas en personas con este síndrome destacan la música, el cálculo de calendarios, el dibujo, la escultura y la memorización masiva de datos.

El cine ha contribuido significativamente a la difusión y sensibilización sobre el síndrome de Savant. Un ejemplo emblemático es Rain Man (1988), dirigida por Barry Levinson, donde el personaje de Raymond Babbitt, interpretado por Dustin Hoffman, ofrece una representación emocional y realista de una persona con autismo y habilidades savant. La película marcó un hito cultural que despertó el interés del público por esta condición.

Otras producciones audiovisuales también han abordado el tema, como Temple Grandin (2010), con Claire Danes, basada en la vida real de la doctora Temple Grandin, una mujer autista con habilidades excepcionales en diseño industrial aplicado a la ganadería. Asimismo, la serie The Good Doctor (inspirada en una producción surcoreana) retrata a un joven médico con autismo y síndrome de Savant, cuyas capacidades para visualizar estructuras anatómicas, su memoria prodigiosa y su lógica clínica lo convierten en un cirujano brillante, aunque enfrenta barreras sociales y comunicativas.

El doctor Treffert también introdujo el concepto de “Savant adquirido”, una forma poco común del síndrome en la que una persona desarrolla habilidades extraordinarias tras una lesión cerebral. Este fenómeno sugiere que todos los cerebros humanos podrían albergar potenciales latentes que, en condiciones normales, permanecen inhibidos.

Este concepto aparece reflejado, de forma creativa, en películas de acción como El Contador 2. En esta secuela, el personaje de Christian Wolff (interpretado por Ben Affleck), un contable con autismo de alto funcionamiento se enfrenta a un antagonista que ha desarrollado el síndrome de Savant adquirido tras un accidente cerebral. La trama gira en torno a la investigación del asesinato de un exagente del Tesoro (J.K. Simmons), donde Wolff, su hermano menor (Jon Bernthal) y la subdirectora del Tesoro (Cynthia Addai-Robinson) descubren una red de trata de personas que los conduce hasta México.

Aunque la representación incluye elementos ficticios y estilizados propios del género de acción, resulta interesante cómo se plantea al personaje autista no solo como una figura compleja, sino como una pieza clave dentro de un entorno estratégico y operativo. La relación fraternal entre los hermanos y la forma en que se presenta al autismo desde una perspectiva funcional refuerzan el valor de la inclusión, aunque, como es lógico, no reflejan completamente la realidad cotidiana de quienes viven con esta condición.

En definitiva, el reconocimiento y la representación del autismo en los medios de comunicación y el cine siguen siendo fundamentales para fomentar una sociedad más empática, informada e inclusiva. Si bien el síndrome de Savant es una manifestación poco común, su estudio y representación ayudan a visibilizar las múltiples formas en que la neurodivergencia puede expresarse, y cómo las personas autistas —con o sin habilidades extraordinarias— tienen un lugar valioso en el tejido social.