Carlos Caballero/Texto y fotos
Trabajadores administrativos de la Universidad de Panamá manifiestan ser víctimas de agresión por el uso excesivo de la fuerza cuando agentes de la Policía Nacional (PN) reprimen a los estudiantes.
“Una bomba química entró al despacho superior de la VIP (Vicerrectoría de Investigación y Postgrado), esto provocó que no funcionáramos por 3 días”.
“En el último ataque rompieron el parabrisas frontal y trasero de un automóvil de la VIP”, así se expresa Magdalena Sánchez, directora Administrativa de la VIP, al referirse a la Unidad de Control de Multitudes de la Policía Nacional (PN) cuando dispara a ciegas latas de gases contra las instalaciones de la universidad.
Sostiene que los disparos de los policías han dañado los letreros luminosos de la VIP y la Vicerrectoría de Extensión (VIEX).
Tras su experiencia, Magdalena da fe de que los policías invaden el espacio del campus con gases químicos, provocando que la población universitaria abandone el recinto para salvaguardar su integridad física.
Mario Mendoza, conductor de la VIP, denuncia que los miembros de la Unidad de Control de Multitudes disparan de forma indiscriminada gases químicos y perdigones.
Además de sufrir perjuicios en sus ojos y garganta, tras la diseminación de gases químicos, expresa sentirse amenazado y con temor.
María Gabriela Gurdián, quien labora en la Facultad de Humanidades, también engrosa la fila del grupo de servidores públicos que se siente amenazado por las acciones policiales. Afirma que actúan sin pensar y no miden las consecuencias de sus actos.
Asegura que la Policía en su exceso de fuerza ha causado pérdidas económicas en la universidad.
Stephanie Pui, de la Vicerrectoría de Asuntos Estudiantiles (VAE) considera que el método utilizado por la PN en contra de la UP es feroz, excesivo y mal intencionado.
Testifica sentirse amenazada y en peligro por la manera indiscriminada como las unidades policiales disparan hacia el campus. Pareciera que utilizaran los disparos como una terapia para el estrés.
Emmy Linares, quien trabaja en el Instituto de Investigaciones Históricas, indica que la PN no tiene misericordia al momento de atacar a la universidad; lo hace desde los 4 puntos cardinales, afectando a todos. No contemplan el daño que causan a la salud física y a la parte psicológica de la población universitaria.
De manera paradójica, manifiesta que muchos de los policías que actúan en contra de la universidad estudiaron en sus recintos. Arguye que es injusto que se reprima a la población universitaria de esta manera y que la protesta es un derecho.
Erika Castillo, de la Dirección de Investigación de la UP, indica que pareciera que los policías pierden el control cuando arremeten contra la entidad académica. No les interesa si en el campus hay trabajadores con discapacidad o si padecen algún tipo de enfermedad.
Dice sentirse afectada y con temor por los constantes ataques en contra de la universidad.
George Aparicio, quien se desempeña como administrativo en la VIP, revela estar afectado por las represiones que ejerce la PN. Añade que, aunque las protestas sean pacíficas y se desarrollen en las aceras, aun así, reprimen.