Hostilidad militar amenaza paz regional: presiones políticas, desplazamiento militar y narrativas atentan contra la seguridad regional

Vie, 05/12/2025 - 16:48
Autor:

Carmen Guevara C. /foto imagen tomada de la web www.google.com/search/Fotos archivo

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Pentágono despliega en el Caribe el portaviones USS Gerard Ford, el más grande del mundo.

El Caribe vuelve a ocupar un lugar tenso en la geopolítica hemisférica. La llegada del portaviones estadounidense USS Gerald R. Ford (el más grande y tecnológicamente avanzado del Pentágono) al Caribe, reaviva viejos fantasmas y abre nuevas interrogantes sobre las motivaciones reales de Washington.

En relación con la presencia y presión militar de EE.UU en la región caribeña, el presidente José Raúl Mulino negó que Panamá esté prestando su territorio para algún acto hostil contra Venezuela, ni contra cualquier otro país.

Las reacciones del mandatario panameño surgieron tras una de las preguntas que le fueron formuladas el jueves 13 de noviembre en conferencia de prensa semanal que se realiza desde la Presidencia de la República.

La cobertura internacional recuerda que este episodio no surge de la nada.

Desde hace meses, tropas estadounidenses han realizado entrenamientos en suelo panameño, mientras el expresidente Donald Trump impulsa un despliegue naval en la región bajo el argumento de combatir el narcotráfico. Sin embargo, Caracas -y gran parte de la opinión pública regional- ve en estas acciones una presión directa para forzar un cambio de gobierno en Venezuela.

El movimiento militar no es menor: destructores, buques anfibios, un submarino de propulsión nuclear y aviones de combate patrullan la zona desde agosto de 2025.

La entrada del Gerald R. Ford y su grupo de ataque, compuesto por más de 4 mil marines y un arsenal aéreo de primera línea, marca un punto de inflexión.

El medio RT (Rusia Today) dio a conocer que EE. UU. bombardeó a presuntas embarcaciones de narcotraficantes dejando al menos 80 muertos y sin evidencias de que realmente traficaran estupefacientes. Por su lado, la Casa Blanca asegura que eran traficantes, mientras que familias en Trinidad y Tobago, Colombia y Venezuela denuncian que eran pescadores.

Naciones Unidas y Human Rights Watch, califican los hechos como posibles ejecuciones extrajudiciales, que añaden una sombra aún más inquietante al panorama.

Este despliegue es el mayor que se ha visto en el Caribe desde la invasión estadounidense a Panamá en 1989. Y, como entonces, vuelve a abrir el debate sobre los límites del poder militar en una región históricamente marcada por intervenciones externas.

Análisis regional

Samuel Prado
Mgtr. Samuel Prado Franco, investigador en Filosofía y Ciencias Políticas del Instituto de Investigaciones Históricas de la UP. 

Para el magíster Samuel Prado Franco, investigador de Ciencias Políticas de la Universidad de Panamá, el escenario es claro: Estados Unidos ha decidido elevar la presión sobre el gobierno venezolano, acusando a Nicolás Maduro y a otros altos funcionarios de integrar el llamado “Cartel de los Soles”.

Trump incluso ha sugerido públicamente que Maduro debe abandonar Venezuela y exiliarse en Rusia, un mensaje que, sumado al despliegue militar, suena más a ultimátum que a diplomacia.

Prado recuerda que este tipo de acciones contradicen los principios básicos del orden internacional. Los conflictos internos deben ventilarse en instancias multilaterales, no mediante demostraciones de fuerza que pueden desestabilizar aún más a la región.

Según su análisis, hoy se vive un clima de hostilidad abierta: una combinación peligrosa de presiones políticas, movimientos militares y narrativas que buscan justificar acciones extremas en nombre de la seguridad hemisférica.

Antes, el Caribe se ha visto solo como destino turístico. Hoy, se ha convertido nuevamente en un tablero geopolítico. El despliegue estadounidense, las respuestas regionales y las tensiones crecientes con Venezuela dibujan un panorama donde cada movimiento tiene repercusiones inmediatas.

Panamá, por su parte, parece apostar por la prudencia. Mantener la neutralidad no solo es un gesto diplomático, sino también un recordatorio de que la estabilidad regional no puede construirse desde la fuerza, sino desde el diálogo.

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Portaviones .

Pregunta que queda flotando:

¿Estamos presenciando una operación coyuntural o el preludio de una confrontación mayor en el Caribe?

Mientras el portaviones avanza y los gobiernos se pronuncian, la región observa con cautela, consciente de que el peso de la historia nunca deja de sentirse en estas aguas.