A 36 años de la invasión estadounidense a Panamá: Memoria y reclamo histórico

Vie, 12/12/2025 - 18:05
Autor:

Carmen Guevara/texto y fotos

chorrillo

Persisten interrogantes que el tiempo no ha logrado silenciar.

La lúgubre noche y madrugada del 19 y 20 de diciembre el ejército de Estados Unidos invadió territorio nacional. Además del luto, tras el crimen perpetrado, se mantiene el silencio sobre hechos y preguntas no resueltas ¿Dónde están los desaparecidos? ¿Cuál es la cifra real de muertos?

¿Por qué ningún gobierno ha exigido formalmente una indemnización por los daños humanos, sociales y materiales que dejó la llamada Operación Causa Justa? Estas interrogantes siguen abiertas en la conciencia colectiva y demuestran la deuda histórica que pesa sobre el Estado.

Las vivencias de quienes sobrevivieron ese episodio constituyen hoy una memoria viva que reclama ser escuchada, reconocida y documentada con rigor.

Testimonios

El doctor Carlos Ramos, director de Postgrado de la Universidad de Panamá para ese entonces, profesor especial, viajaba en el expreso de medianoche rumbo al Centro Regional Universitario de Chiriquí cuando la violencia lo sorprendió en Río Hato.

El estruendo de las explosiones, un camión cisterna bloqueando la vía y los destellos de disparos marcaron sus primeras horas de incertidumbre. Intentó, como patriota, apoyar a un policía vestido de civil que se les acercó. Esto ocurrió en la Ermita de San Carlos. La confusión reinante le impedía distinguir posiciones. En otra escena trágica, presenció la llegada de un herido de granada en uno de sus pies. De inmediato, colaboró en su atención.

En su travesía hacia la capital, observó controles militares, tanquetas intimidando a civiles y escenas devastadoras, especialmente en El Chorrillo, que fue reducido a escombros. Tras días de desplazamiento, llegó a su hogar, donde el reencuentro con su esposa se mezcló con alivio y el peso de la tragedia vivida.

El doctor Janzel Villalaz Guerra, director de la Vicerrectoría de Investigación y Postgrado, residía en Estados Unidos, donde cursaba estudios doctorales en la Universidad de Delaware. Manifiesta la angustia que le embargó al observar el movimiento inusual de aeronaves con destino a Panamá.  La universidad donde estudiaba colindaba con la base de Dover, al este de Estados Unidos y al lado de Washington.

Villalaz Guerra expresa que las comunicaciones se interrumpieron en el momento más crítico. Posteriormente, recibiría la noticia que marcaría su vida: su cuñado había sido acribillado en Paitilla, tras no detenerse ante una orden de alto; milagrosamente su hermana sobrevivió.

 

Para Anayansi Rodríguez (Magaly Vargas), diseñadora gráfica del Semanario La Universidad, quien trabajaba en aquellos días en el diario La Estrella de Panamá, la noche comenzó con rumores y explosiones.

 

Los pobladores de la ciudad, rápidamente entraron en pánico. Confiesa que prefirió encerrarse hasta el 21 de diciembre. Luego, se refugió en la casa de algunos familiares, observando desde las azoteas los ataques a Amador, al Cuartel Central y a Panamá Viejo.

 

Manifiesta que siempre recordará las escenas de las calles con cuerpos abandonados, el olor a descomposición y el saqueo generalizado. Agrega que no fue hasta el 28 de diciembre cuando pudo regresar a su hogar en La Chorrera.

 

Ramos, Villalaz, Rodríguez y tantos otros, son testigos y evidencia humana indispensable para construir la verdad histórica.

La invasión no solo destruyó infraestructura y vidas, dejó heridas que aún exigen justicia, reparación y reconocimiento oficial.

A 36 años de aquel diciembre oscuro, Panamá sigue reclamando memoria, verdad y dignidad. El país merece conocer el paradero de sus desaparecidos, contar con un registro transparente de los daños y exigir respuestas que el Estado nunca debió posponer.

 

Recordar no es reabrir una herida: es impedir que la historia se escriba sin la voz de quienes la padecieron.

 

Análisis

Para el director del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad de Panamá, Reymundo Gurdián, el país se mantenía bajo la presión norteamericana debido a su intención de librarse de Manuel Antonio Noriega, quien representaba un problema por su negativa de involucrarse en el conflicto regional protagonizado por quienes querían derrocar a los sandinistas en Nicaragua y frenar la guerrilla en El Salvador.

 

Para el académico, la invasión fue el golpe final a esa tensión. La invasión en sí hay que verla según la perspectiva del imperialismo.

 

Destaca que, la intervención militar fue la culminación de una crisis que había empezado en la década del 80, con la inestabilidad política que se dio en el país. Después se agravó con las declaraciones del coronel Roberto Díaz Herrera.

 

Las palabras del militar generaron protestas, allanamientos y una serie de represiones. Las relaciones con los Estados Unidos se tornaron más tensas. EE.UU. impuso sanciones políticas, económicas y financieras que afectaron la economía nacional y el desenvolvimiento de la sociedad panameña.

 

¿Por qué la golpearon con tanta fuerza? Porque en Panamá se usa el dólar. El Gobierno tenía problemas para conseguir dólares que llegaban por otros lados.

 

Los que vivimos en esa época nos damos cuenta de que entre el 87 y el 89, a los empleados públicos se les pagaba el salario mediante la entrega de varios cheques, en denominaciones de 50 y 25 dólares para que los cambiaran en los comercios.

 

Aclara que la economía provocó el surgimiento de financieras de personas allegadas a los militares. Y, los comercios cambiaban los cheques, pero se ganaban un buen porcentaje.

 

El sistema de salud prácticamente quebró, el agro y los hospitales funcionaban de manera parcial. Hubo médicos que, para algunas familias, se portaron bien, ya que atendían a los pacientes en las instalaciones públicas de salud y a veces en sus clínicas privadas. Permitían que los pacientes pagaran según su condición económica.

 

Recuerda que las Fuerzas de Defensa fue expuesta a varios intentos de golpe de Estado; el del coronel Leónidas Macías y después el segundo golpe fallido contra Noriega por Moisés Giroldi, que agravó la crisis.

 

Gurdián resaltó la posición irresponsable del general Manuel Antonio Noriega (Q.E.P.D.) de declararle, en un momento de tensión, la guerra a Estados Unidos. Después, vinieron algunos acontecimientos que agilizaron la invasión, como la muerte de algunos soldados norteamericanos.

 

En relación con las elecciones del 10 de mayo de 1989, señala el triunfo de la oposición. Según su lectura, esto ocurrió tras el descontento popular que había y la falta de reconocimiento por parte del régimen militar.

 

Los militares nombraron al contralor Francisco Rodríguez como presidente provisional de la República de Panamá, a partir del 1 de septiembre de 1989. Lo que se dice en la historia es que la oposición, que había ganado las elecciones, pidió la intervención militar.