Lic. Omar A. Joseph/ Relacionista Público
El conocimiento, no solo es el intrincadamente matemático o el científico, legal u otros, propios de la estructura de cualquier profesión. Hablo del conocimiento social, de ese conocimiento que pasa por cultura y/o crianza. Ese que se “mama” del pecho de la madre y, viene con el poder de la corrección a tiempo, del cariño real, con la seguridad de los primeros pasos para ser un individuo. Ese conocimiento que va a la respuesta de las preguntas de la vida, y así cuando vamos creciendo, las preguntas son más “puyudas, profundas” de esas que buscan con sus formas, el fondo. El conocimiento que pasa por el escuchar a quien te antecedió, que supo llegar a un sitio, pero que te invita a ir más adelante. Ese simple acto que a diario se discurre entre las rutinas de las aulas de clases. Cuando, por ejemplo, un grupo de Maestros; de Profesores, como arquitectos van dándole forma a una idea; esa idea que llevamos para ser profesionales. Lo conseguimos y detrás vamos dejando a los formadores de nuestra profesión.
Aquí inicia EL DESPRECIABLE CRIMEN DE SABER. Cuando logrado ser Dr. Abogado, Ingeniero, Arquitecto, entre tantas otras profesiones. Somos mejor pagados que aquellos que nos enseñaron los problemas de Baldor, las letras de Shakespeare, el pensamiento de Sócrates¸ para soñar con las estrellas de Copérnico. A ellos la patada como gracias por educarnos. A ellos el ¡No! Como respuesta a la petición de una mejor calidad de vida que les permita, educar a los suyos, de protegerlos, de ofrecerles algo mejor. Todos los profesionales son educados por maestros; yo fui educado por maestros; los maestros son profesionales. Este silogismo, para esclarecer el ciclo de la educación de todo profesional, su inicio y fin.
¿Pero el inicio de nuestras profesiones no pasa por las aulas? Más, allá del “quiero ser cuando crezca” cuando crecemos y elegimos ser profesionales somos formados por un grupo de profesionales que decidieron ser formadores pero no abandonaron el deseo de vivir en condiciones dignas y coherentes con el costo de la vida. Saber “…adquirir conocimiento de algo” el despreciable crimen que cometemos al vilipendiar a los educadores que solo intentan tener el mismo derecho que cualquier otro profesional, con el desprendimiento no mezquino, de entregarle a otro el conocimiento para que este mejor. Sin personas que quieran estudiar para ser Maestros, Profesores, no habremos otros profesionales porque somos la suma de los “saberes” como por ejemplo, no habrá arroz sin campesino que siembre y coseche. Somos el resultado de la siembra. Nos llamamos profesionales porque somos la cosecha.