Carmen Guevara C.
En plena transformación digital, la universidad se enfrenta a su mayor desafío para seguir siendo cuna y motor de conocimiento en el siglo XXI.
Todo cambia, nada permanece. Una sociedad profundamente tecnológica y digital precisa de instituciones capaces de cambiar con ella, adelantarse a sus necesidades y cubrir sus demandas. También, en la universidad, una institución histórica que ha sabido resistir a los embates del tiempo y los acontecimientos durante siglos, pero que muy posiblemente no permanecerá ajena a la mayor transformación de nuestro tiempo. Renovarse o morir.
Un nuevo rol aguarda a la universidad, una institución recia, histórica y muy burocratizada que clama nuevos aires de transformación. A su alrededor, el mundo se mueve a una velocidad que, lejos de estabilizarse, parece correr cada vez más. En la sociedad de la información, los agentes claves que marcarán las futuras generaciones serán aquellos que sepan adaptarse a este nuevo contexto en el que el conocimiento ya no es patrimonio exclusivo de los más eruditos ni se esconde entre cuatro paredes.
Conocimiento sin fronteras
El talento supera muros y obstáculos, quien los quiera poner se alejará del conocimiento del siglo XXI. Hablamos también de fronteras. En un mundo globalizado, las nuevas tecnologías son el vehículo a través del cual el conocimiento se conecta y crece.
El documento de Política para el Cambio y el Desarrollo en la Educación Superior, que la Unesco elaboró en el proceso de preparación de la Conferencia Mundial sobre Educación Superior, afirma que la internacionalización es cada vez mayor. En primer lugar y, ante todo, el reflejo del carácter mundial del aprendizaje y la investigación.
Los sistemas educativos deben articularse a través de ellas para tejer una red más profunda, global y transversal, entre personas y empresas. Internet es el vaso comunicante y el e-learning la fórmula que más lejos puede llevar al conocimiento.
Conocimiento compartido
Todo lo que se pueda distribuir, se va a distribuir. Y si se puede hacer, de forma gratuita, se hará, afirman los estudiosos. Una máxima que pone de relieve que en un mundo híper-conectado, el conocimiento está llamado a la descentralización. La universidad debe convertirse en un espacio abierto que conecte con el mundo real y forme a profesionales que integren dichas organizaciones.
Universidad para la vida
Hasta ahora, cuando alguien se refería a ‘la universidad de la vida’ normalmente se aludía a todo aquel conocimiento no reglado, fruto de la experiencia y las andanzas de la vida. Hoy, este concepto puede que se ajuste más que nunca a cómo debe entenderse el aprendizaje. La sociedad necesita una formación continua que permita adaptarse a un contexto de cambio constante. Se demandan personas flexibles y proactivas y el espíritu de adaptación y supervivencia debe fomentarse en las universidades.
Aprendizaje virtual
Las nuevas tecnologías son la herramienta para conseguir un sistema educativo, eficiente y transformador. A su alcance, las posibilidades que brinda la inteligencia artificial, la realidad virtual o el big data son ilimitados. Tecnologías que convergerán en plataformas capaces de modelar sistemas complejos. Las nuevas formas de interacción, que pueden y deben utilizarse para hacer más eficientes los procesos educativos y que la universidad debe liderar si quiere seguir ocupando un lugar como motor de conocimiento.