La Reina del Pacífico/Parte II

Mar, 27/08/2019 - 20:01
Autor:

Venicia Chang M.

 

El 21 de enero de 1673, por orden de la metrópolis, Antonio Fernández de Córdoba y Mendoza, gobernador del Istmo, trasladó la vieja ciudad al lugar que aún hoy, ocupa.

En los 500 años de fundación de la Ciudad de Panamá, que a la fecha celebramos, hemos pasado por momentos históricos y muy difíciles: La independencia de España, la unión voluntaria y posterior separación de Colombia, el nacimiento de nuestra República en un escenario inmerso en el imperialismo del tío Sam.

La inauguración de relaciones panameñas-estadounidenses, que significaron en casi un siglo de constantes intervenciones militares (solicitadas y no solicitadas), la firma de un tratado ignominioso que significó para nosotros, los panameños, la pérdida de la soberanía dentro de nuestro propio territorio; la lucha de muchas generaciones por recuperar su mayor patrimonio (el Canal).

Además, los años de dictadura que conducirían a la mal llamada Causa Justa que significó la destrucción de parte de la ciudad de Panamá y que conduciría al empobrecimiento de algunos sectores de la población, respecto al sentimiento de nacionalismo y de soberanía.

Igualmente, la restitución de la democracia y del estado de derecho; una ciudad que se ve amenazada cada día por las malas decisiones de sus gobernantes y que parece estar enferma por las malas decisiones de quienes, en los últimos años, la han dirigido y vuelto menos resiliente.

Sí, tenemos un Canal manejado por panameños, ampliado, eficiente y abierto al mundo, un país con un desarrollo económico envidiable por nuestros vecinos, en donde la desigualdad cada vez aumenta mucho más; un sector agropecuario que no arranca y que pone en peligro nuestra seguridad alimentaria; muestras y evidencias de gran corrupción en donde impera la falta de justicia y la impunidad.

A pesar de las adversidades y vicisitudes descritas, la ciudad cuenta, según mi criterio, con el plus más grande que pueda existir, como lo es su gente. Personas que están dispuestas a trabajar y echar a andar el país. Gente que cada día sale y pone su granito de arena para enaltecer su patria. Gente que a pesar de los grandes obstáculos que imponen los corruptos, aún creemos que podemos avanzar por los caminos de la esperanza y de la justicia, para hacer de nuestra ciudad y del país, la Reina del Pacífico, que la gloria de antaño, hoy, nos reclama.