La coyuntura minera cierra una época de la historia republicana

Jue, 07/12/2023 - 23:17
Autor:

E. Antonio Méndez R. /Investigador del Instituto de Estudios Nacionales (Iden)

Las coyunturas son momentos de conflictividad en que las fuerzas sociales y políticas se enfrentan debido a un acontecimiento detonante. Según el poder de convocatoria del detonante -es decir según la sensibilidad de la temática que toca – la coyuntura puede hacerse más o menos extensa y profunda.

La coyuntura minera ha sido la de mayor intensidad desde la invasión norteamericana de 1989... Terminado el balance de su impacto, podrá quizá llegar a nombrarse como “el hito que cierra una fase de la historia” que abarcaría desde el 1990 a 2024 y que habría durado 35 años.

Solo adelantaremos algunas reflexiones sobre el por qué este hecho histórico puede ser considerado el final de un periodo.

Veamos. Sin una dirección unificada, -pero con coordinación suficiente-, se alinean la mayor cantidad de fuerzas sociales populares y de capas medias por primera vez, creando el sujeto político consciente y dirigido en un mismo sentido (con una causa clara) al cual se llama sociopolíticamente “masa”.

La “masa “con su conjunto de actores colectivos e individuales (gremiales sindicales, profesionales) previamente construidos; y con una importante suma de nuevos actores surgidos a lo largo y ancho del país; cancela la continuidad del proyecto empresarial ya definido desde 1997.

Este proyecto consistía en la modernización del sector servicios (asentado principalmente en la región metropolitana) y en la explotación del mundo rural e indígena mediante una red de hidroeléctricas y minas de cobre, oro y otros metales.

El proyecto de modernización del área de tránsito y la plataforma de servicios (que genera inicialmente el auge económico más importante de nuestra historia entre 2006 y 2016) aunque no se agota, ya ha mostrado sus límites de crecimiento, y no logra la sostenibilidad esperada por las élites, debido a sus propias incompetencias administrativas y su corrupción.

Por otra parte, el otro gran eje de “el hidroeléctrico y minero” acaba de encontrar la muerte a manos de la “masa creada por la coyuntura”. Esto ya tenía sus antecedentes en los conflictos del 2011 y 2012 (Ley Chorizo).

Las prácticas económicas y políticas de las élites y sus gobiernos crearon las condiciones de la formación de una masa arrolladora que, con su sola existencia ha destruido la recomposición política esperada por las élites, en el próximo evento electoral.

Así, lo más probable es que el próximo gobierno entre con una muy pobre cuota de confianza en la opinión pública. Parece que se ha roto el ciclo de refrescamiento político del Estado empresarial y el próximo gobierno surgirá en medio de un intenso estrés político y social.

Por lo extenso e intenso de la protesta, las élites perdieron temporalmente el control social, es decir, la capacidad de mantener el control ideológico y el control físico sobre la población. Estos fueron los casos de sus dos poderosos brazos: los medios de comunicación y la fuerza pública.

La alianza derrotada y desprestigiada fue la de una poderosa transnacional, el gobierno pro minero, los partidos políticos y los gremios empresariales.

La coyuntura no está totalmente cerrada, ella pasará en un proceso de larga y poco intensa duración hasta cerrarse. Su reanimación o no ella depende de las siguientes jugadas de los actores sociales si fuere necesario por algún nuevo sobresalto.

La apertura de la nueva época surgirá por las contradicciones en la construcción de un nuevo modelo en el que lo minero queda excluido y el potencial natural incluido.