Ana Elena Porras: Doctora en Antropología y Reina del Carnaval 1971

Vie, 09/02/2024 - 17:34
Autor:

Carmen M. Guevara Cruz /Periodista *Fotos: La Estrella de Panama.

carroza de ana elena porras

Ana Elena Porras, antropóloga, docente y actual directora de Cultura de la Universidad de Panamá, defiende las tradiciones como una fiesta. De igual forma, desde el ámbito social y familiar, como cultura, y necesarias para la sociedad. Recuerda febrero de 1971, durante el Gobierno del general Omar Torrijos Herrera.

Se refiere al Carnaval, que para aquella época fue conocido como Carnaval del Turismo, organizado por el Club 20-30. Al respecto de su escogencia, un amigo de su padre la recomendó, a través de una llamada telefónica. Comenta que del otro lado de la línea surgió una pregunta; si deseaba ser candidata del Carnaval de ese año.

Agrega que debía competir con otras 7 jóvenes. La soberana decidió hablar con su padre, quien de inmediato aprobó la oferta; apenas tenía 17 años.

Porras no omite que su madre había viajado a México con su hermana mayor, por lo cual estaba a cargo del cuidado de la casa y de sus 3 hermanos menores. Su progenitora no estaba enterada. A su regreso se encontró con los preparativos del jolgorio. El patio delantero del chalet donde vivían había sido invadido por jóvenes que bailaban y cantaban al sonido de una orquesta, bajo la enorme asta de la bandera del carnaval.

En medio del entusiasmo surgió un accidente; a la madre se le incrustó un tacón en el cemento fresco que aseguraba el asta de la bandera.

La antropóloga advierte que su reinado se caracterizó por ser diferente a lo habitual. En tal sentido, refiere que su mamá sugirió que el vestuario que luciría durante los días de fiesta simbolizara alegorías indígenas (Anayansi, leyendas y mitos de la cultura precolombina).

Para la confección de los disfraces y el vestido de coronación, se contrató a un arquitecto y a una modista, ambos eran cotizados durante aquella época.

El reinado marcó una diferencia con los carros alegóricos que tenían la temática del Fuerte de San Lorenzo. Aclara que se creaba una fantasía muy bonita junto con las comparsas.

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Reinado del Carnaval del Turismo, La Estrella de Panamá 21, 22 y 23 de febrero de 1971.  

En tono chistoso la exmonarca admite que ser reina de Carnaval es un trabajo. Confiesa que no se imaginaba lo complicado que era. Por ejemplo, que los vestuarios pesaban y picaban. Y siempre había que sonreír, aunque fuese pisoteada. Era inadmisible enojarse. Había que lucir linda y preciosa, y, sobre todo, bailar con todos.

“Para mí fue una bonita experiencia, hubo momentos muy divertidos (la que más se divirtió fue mi mamá), significó un esfuerzo físico inmenso y un trabajo bárbaro”.

Reitera el hecho de que se convirtió en reina por casualidad, cuando todavía no había terminado la escuela secundaria, era el período de vacaciones, cursaba quinto o sexto año. Estudiosa y seriecita, pasado El Carnaval, inicia el período escolar y el colegio de monjas donde cursaba estudios, no la quería aceptar, a pesar de pertenecer al cuadro de honor.

En tono jocoso describe que la directiva del colegio resolvió hacerla firmar un acuerdo en el que se comprometía a someterse a todas las normas como una estudiante cualquiera.

Ana Elena, quien tuvo como sede el histórico Hotel El Panamá, recuerda que El Carnaval en la capital era financiado por el Gobierno a través del Instituto Panameño de Turismo (IPAT), como ocurre en la actualidad con el Ministerio de Turismo. A la reina se le proporcionaba dinero para los vestuarios, carros alegóricos, etc.

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Reinado del Carnaval del Turismo, La Estrella de Panamá 21, 22 y 23 de febrero de 1971.  

No existían mojaderas como tal, se mojaba con latitas y se tiraba agua con añil entre la multitud que asistía a la fiesta. En la mañana, eran visibles los diablitos, y los temidos resbalosos, que hacían travesuras y pedían dinero.

Relata que las comparsas bailaban y saltaban al ritmo de la música por las diferentes avenidas de la ruta del Carnaval. Las mejores comparsas y los carruajes alegóricos eran premiados (la empresa privada tenía participación en la farra popular).

El desfile empezaba a las 3 de la tarde y se extendía hasta las 7 de la noche. El recorrido de los carros alegóricos se hacía desde la Iglesia del Carmen en la Vía España hacia la Avenida Central.

Los toldos -como se les conocía a los sitios de baile típico- clausuraban en la madrugada (casi al amanecer) y estaban por todos lados. Porras agrega que eran alrededor de 8 y que todos los hoteles tenían sus fiestas, lo cual era maravilloso para los músicos porque se contrataban orquestas nacionales.

 

El Carnaval: orígenes históricos

Explica Gandásegui que esta fiesta la entrelazan además con la tradición celta y la pagana, en honor por lo general a dioses naturales, reinterpretado después a su favor por el catolicismo de la conquista europea.

También, se lee que El Carnaval no se puede comprender sin la cuaresma, el período de 40 días, antes de la fecha establecida como la muerte de Jesús, que va desde el Miércoles de Ceniza al Sábado Santo.

Por estos factores, 4 días antes del comienzo de la cuaresma se estableció El Carnaval, en el que se acostumbra hacer fiestas con predominio de un gran consumo de carne y licor. Esta celebración se extiende en algunos puntos de España, Italia y Nueva Orleans en los Estados Unidos. En Latinoamérica es historia aparte, prosigue Gandásegui. La conquista europea trajo de la mano a una iglesia católica que se apropió de las festividades que llevaban a cabo las culturas indígenas originarias para hacer más fácil su tarea de catequesis.

reina 1999

Entre las características actuales de estas fiestas, que el Sur del continente tiene su epicentro en Brasil, está la elección de reinas, encargadas entre otras de abrir El Carnaval junto al Rey Momo, una figura bufonesca que acompaña a la soberana durante el jolgorio.

En Panamá, la historia del Carnaval es reciente, ya que se limita a comienzo del siglo XX. Desde el Club Unión se dieron los primeros pasos en la organización del evento agrupándose a distintas organizaciones y culminando en las primeras fiestas de 1910.

El auge del Carnaval Capitalino duró hasta la década del 60, desentraña Gandásegui, cuando los sucesivos gobiernos tuvieron que intervenir para subvencionar la actividad y mantener ese ambiente de algarabía para el pueblo.

Desde la ciudad, las celebraciones pasaron al interior del país. En la región de Azuero ocurrió durante las décadas de 1930 y 1940, 20 años después llegaron a Penonomé.

El doctor Octavio Méndez Pereira, al hacer un recuento del Carnaval panameño, en un estudio publicado en 1933, se refiere al significado de las culturas negroides en las festividades que se llevaban a cabo desde inicios del siglo XIX en los arrabales de Santa Ana.

Y detalla, “La fiesta del Carnaval es muy anterior al cristianismo. En cada país tiene, como es natural, el sello característico, pero en el fondo de ello se observa la tendencia a la reproducción de escenas y pasajes de los tiempos remotos del paganismo”.

En su análisis replica: “Yo los he observado cada uno como el estudioso de nuestras tradiciones, porque ellas forman parte esencial de nuestra personalidad como pueblo y nación, y a pesar de la gritería y las danzas de sus personajes, de sus cantos y borracheras, de máscaras, payasos y bufones que nos hacen reír con sus reinas y princesas, que se burlan de las angustias de la vida diaria, danzando sin cesar, creo que en el fondo ellas representan como una catarsis colectiva, que quiere liberarse de esas tristezas, que llevamos dentro todos, disimulada en el jolgorio de unos días, que parecieran no tener amanecer”.