Arkin Tapia Espinoza: “Amo ciertos trabajos, por ejemplo, si pudiera, meterme en el cráter de un volcán”

Vie, 08/03/2024 - 18:30
Autor:

Carlos Iván Caballero G.| Fotos: Ian Arcia

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Arkin Tapia Espinosa es geógrafo del Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá y encargado de la Red Sismológica. Posee un postgrado en volcanes y riesgos volcánicos y una maestría en Relación de Riesgos y Reducción de Desastres.

¿Por qué estudió vulcanología?

En Panamá no se planteaban estudios serios sobre el tema, por ello surgieron algunas de mis inquietudes.

El volcán Kilauea hizo erupción durante mi instancia en el Estado de Oregon. Para ese entonces realizaba una práctica sobre vulcanología en este Estado. Durante el recorrido por el volcán, luego de ser invitado al sitio, llegué al río de lava. Vestía un jean -pantalón de vaquero-, un suéter. Además, un pantalón de aviador, y sobre este, un aislante térmico. Me acerqué tanto al río de lava que pude sentir que el pantalón se derretía. Al día siguiente observé que tenía ampollas en las piernas. Después, me enteré de que la temperatura en ese momento llegó a mil 185 grados.

¿En qué consiste su trabajo?

Monitoreo los eventos sísmicos que ocurren en el país. Debo localizarlos y certificar que estén ubicados en el mismo lugar de acuerdo con lo señalado por el resto de los técnicos. Y, que las lecturas realizadas correspondan a las fuentes sismogénicas activas en el país.

Además, monitoreo los posibles eventos que se puedan generar en el Volcán Barú, o próximo a ellos.  El objetivo es conocer el nivel de actividad que presenta la estructura volcánica.  

¿Mide los riesgos?

Cuando llego a un lugar siempre calculo los riesgos, es parte del proceso; parece que no es así, pero siempre lo hago.

¿Legado de sus padres?

La formación que me dieron mis padres se basó en disciplina. Vivíamos en Viejo Veranillo, un lugar difícil, y no podíamos ser como el resto de las personas que les gustaba hurtar, por ello la educación fue diferente.

Mi mamá era educadora. Hacía un listado de los deberes que cada uno debía cumplir. Mi papá era ebanista, y su comportamiento era diferente, decía que las cosas se tenían que hacer porque eran necesarias para ayudar en la casa.

Siempre apoyaba a mi madre en todas las decisiones. Este tipo de disciplina me ha convertido en lo que soy.

¿Alguna anécdota de niño?

Mis padres viajaron a Darién a visitar a unos parientes. Yo tenía 1 año con 2 meses. Cuentan que el barco se incendió cuando estaba llegando a La Palma. Todos salieron de la nave para llegar a la costa, que estaba cerca. El capitán se quedó conmigo, y mi tío Lorenzo regresó al barco por mí. Supe que el capitán no me quiso soltar, hubo un forcejeo entre ambos. Mientras tanto, caí al agua. En la tercera inmersión mi tío me tomó de un pie y me salvó, según su relato no tragué agua.

El barco pertenecía al señor Checa “Doña Elizabeth”; Arcadio Molinar le hizo una canción.

¿Habilidades deportivas?

Fui selección nacional de balón mano. En 4 ocasiones representé a Panamá en Costa Rica. En 1997 fuimos campeones. Practiqué bola suave y en la liga intergubernamental representé a la universidad, en el 2003 logramos coronarnos campeones.

¿Qué ama?

A mí mismo y a todos los que componen mi familia. En el campo de la satisfacción, amo ciertos trabajos que me llevan a este punto. Por ejemplo, si pudiera, meterme en el cráter de un volcán, o cuando hay un gran terremoto; amo estar en el sitio.

Creo que el Señor tiene un propósito para todos. Estoy convencido de que mi propósito es estar en el Instituto de Geociencias (IGC), haciendo lo mejor para el desarrollo de las ciencias de la Tierra.

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¿Profesa alguna religión?

Soy cristiano y creo en Dios. Conocer al Señor me ha convertido en una persona más respetuosa de lo que solía ser. La comunión con Dios ha sido de ayuda para mi vida matrimonial y familiar.

¿Cocina?

Sí, me encanta cocinar y cocino lo que pidan. Me destaco en la cocina tradicional, es una de mis favoritas. Preparo un buen arroz con frijoles chiricanos y ensalada de repollo. Además, soy bueno con las carnes rojas, la gallina, los mariscos, y las pastas; a mi familia le gusta mi sazón.

¿Expresivo?

Algunas personas creen que soy poco expresivo. Sin embargo, siempre estoy sonriendo, intento. Me gusta que a través de mi sonrisa observen que no estoy enojado, que no soy un ogro. Quizás lo digan porque suelo concentrarme en lo que hago.

¿Matrimonio?

Chévere, los 17 años que llevo casado han sido buenos porque me comprenden y me respetan. El único desacuerdo surge cuando quiero salir a jugar. Es difícil porque prácticamente nací jugando y quiero terminar mi vida jugando.