Juicio a Jesús.

Lun, 01/04/2024 - 20:14
Autor:

Carmen M. Guevara Cruz /Periodista *Fotos: Ian M. Arcia L.

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Andas, instrumento utilizado para conducir efigies, personas o cosas de la Pasión de Jesús, Catedral Santa María La Antigua, Casco Viejo.

“Ningún cargo formulado o imputado a Cristo le fue probado; los mismos no hacían tránsito a delito, menos los hechos que invocaban. No había relación o referencia a violación de norma jurídica alguna”. Silvio Guerra.

En esta semana de conmemoración religiosa es válido citar un análisis sobre los hechos y normas jurídicas de la época, en relación con el proceso y juicio a Jesús. Se trata de un escrito publicado en redes sociales, autoría del profesor de Derecho Procesal Penal en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Panamá, Silvio Guerra y reproducido por el diario Crítica, fechado 15 de abril de 2022.

Desde la perspectiva jurídica, el letrado se refiere a los fundamentos de las normas actuales del derecho procesal que se conoce en la actualidad, Guerra prefiere contextualizar lo consignado en las normas jurídicas penales y judiciales que regían en la época de Jesús; la pasión sufrida y su muerte mediante crucifixión en la cruz, precedida por la más horrenda y despiadada flagelación humana.

El análisis lo hace basado en las normas jurídicas que fundamentaban el juzgamiento en el pueblo de Israel y en la provincia de Judea, que estaba bajo el dominio del emperador Tiberio Julio César.

El análisis realizado por Guerra presenta al lector las herramientas o fuentes que ayudan una aproximación a la realidad y enumera las siguientes conclusiones.

La Biblia, la principal fuente de referencia, es irrefutable e incontrovertible. Recoge los hechos de lo que realmente aconteció, con una descripción de tal claridad y objetividad que es lo suficientemente ilustrativa de la flagelación y crucifixión. Los hechos de los apóstoles, plasmados en los Evangelios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan, dan fe de ello y en estas verdades no se presentan contradicciones, ya que del testimonio de los apóstoles se evidencian una coherencia y armonía de tal magnitud que ilustran sobre lo acontecido en este juicio a Dios.

El Derecho Mosaico o hebreo: Recordar que fue el Gran Sanedrín, compuesto por 70 miembros, ancianos, ilustrísimas personas que dominaban los cánones y preceptos de la ley de Moisés, dirigidos en ese año del juzgamiento al Señor, por el Sumo Sacerdote, Caifás, yerno de Anás. Israel era una nación sometida al Imperio Romano y las autoridades del Sanedrín, religiosos todo ellos, mantenían un cierto grado de autonomía local. Roma era la que en materia de juzgamiento tenía la última palabra. El Derecho Romano: Indispensable para poder comprender la intervención, en el juzgamiento de Jesús por el gobernador de Judea, Lucio Poncio Pilatos, alude a la importancia de entender por qué Jesús fue llevado, luego de ser juzgado por el Sanedrín, ante la justicia romana, representada por el praefectus romano en Judea.

Todos los poderes terrenos, seculares (religiosos y políticos), se aliaron, entraron en contubernio, para condenar al Justo, al hijo de Dios.

Como humanidad no fuimos capaces de distinguir al Justo, al real y efectivo Hijo de Dios, el Creador de todas las cosas y de nosotros mismos.

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El Domingo de Ramos anuncia el inicio de la Semana Santa.

El Juicio de Dios pone en evidencia que la justicia humana es defectuosa y está afectada de ser miserable, imperfecta, injusta, y que lejos de enaltecer a la verdad y a la justicia como tales, se arrastra en el fango de sus propias miserias y malquerencias.

Como dijo Prieto y Prieto en 1943, En Revista General de Legislación y Jurisprudencia, 1953; Tomo XXVI, página 594 en su ensayo sobre el Juicio a Jesucristo al que tituló con el nombre de: ¿Fue Ilegal el proceso de Cristo?: “No hubo norma procesal sin violar; la ley penal con oportunidad aducida ni hecho probado con suficiencia”.

Ningún cargo formulado o imputado a Cristo le fue probado; los mismos no hacían tránsito a delito, menos los hechos que invocaban.

No había relación o referencia a violación de norma jurídica alguna.

Finaliza el jurisconsulto, “que el juicio de Jesucristo, si bien es cierto, concluyó con la pena de muerte por crucifixión, la más ignominiosa y humillante de la época, representa, a mi modo de ver las cosas, el propio auto juzgamiento a la humanidad, la manifestación de nuestras propias miserias y egoísmos, porque si no fuimos capaz de respetar las normas jurídicas del juicio para el hijo de Dios, que no tenía motivos ni razón de ser, menos seremos capaces de respetarlas para nosotros mismos”.