María Gabriela V Martínez / Estudiante de Periodismo / emegeeme27@gmail.com
Básicamente, la política nunca ha estado oculta del ojo público, pues, amerita precisamente de él para desempeñar personajes configurados por los medios de comunicación. Ahora, se supone que el trabajo de un periodista es el de “proporcionar información exacta, extraída de fuentes confiables y veraces” pero ¿Qué pasa luego de un almuerzo con algún político? Los favores, regalos y propuestas presentadas por el gremio político no son algo fácil de despreciar para un individuo que le toca sobrevivir en el difícil y competitivo mundo periodístico. Esto es lo que posteriormente desencadena la pérdida realista del sentido periodista, pues, ¿Quién es capaz de repudiar un favor, bien sea pequeño, grande, inocente o casi imposible?; la ceguera de la gratitud y el beneficio es uno de los males más grandes que persiguen a los informadores políticos. Por ende, todas estas insistencias y presiones son una trampa para caer en la simulación política e informativa. En lugar de anunciar sobre lo que es realmente verídico, en lugar de cuestionar las acciones y palabras dichas por un político, se pasa a la comprensión, omisión y aceptación de las “grandes proliferaciones de promesas y proyectos”, que a veces distan mucho de materializarse.
En sí, se olvida mencionar como los Gobiernos ignoran y retrasan temas de primera necesidad y gran magnitud, zafándose de una responsabilidad para pasarla a otra generación política que, prácticamente, realizará la misma acción, convirtiendo esto en un ciclo. Por otra parte, también, se puede mencionar el “juego de las filtraciones”, uno muy difícil de acabar y que es muy usado para ejecutar venganzas o pequeñas revanchas. Una constante interacción donde los políticos buscan la gracia de los medios comunicativos, o mejor dicho de los periodistas. Si bien es cierto, lo medios de comunicación se dividen en muchas ramas, siendo la más común el de entretenimiento, pero visto desde otra perspectiva, el medio puede representar un arma política muy poderosa, más por lo que calla que por lo que expresa. Hoy, a pesar de que existen muchas fuentes de donde es posible extraer información y, hasta cierto punto, se ha facilitado la ejecución de muchas tareas, no es posible la existencia de una “nube perfecta”, como se ha hecho creer. ¿Qué ha pasado?, resumiendo se ha pasado a la manipulación de las informaciones, la omisión de verdades y la muestra de aquello que es “conveniente”, pero que resulta irrelevante. El arte de informar se ha convertido en una mafia que mueve todas las fichas a favor del gobierno y personajes políticos e influyentes del medio. Por lo menos, los periodistas consagrados al concepto de su profesión saben que no pueden entregarse y confiar ciegamente en las informaciones que provienen de fuentes institucionales, puesto que, la información que venden es maquillada, actuada, y fríamente calculada; nunca van a dar lo que verdaderamente se quiere saber, y es triste que periodistas actuales se confabulen para expandir una realidad a medias y callar lo que verdaderamente importa.
Aquí es donde se puede acotar que, para los distintos gobiernos del mundo, independientemente de su cultura política, es imposible ignorar la tentación de dominar los medios y la información que se transmite, bien es cierto “El conocimiento es poder”, ¿Cómo quedarían los gobiernos si sus verdades son expuestas?, a ciencia cierta, no se sabe, lo único seguro es que ninguno anhela ese acontecimiento, por ello, no es raro ver al Estado como un actor protagónico de los medios comunicativos. Los periodistas respiran “Estado”, y es difícil mantener la verdad, moral y ética a flote con una presencia tan activa y manipuladora, además de poderosa. Este agente es capaz de ejercer presión y medidas fuertes y suaves sobre los medios y la información que se mueven en él, los profesionales en comunicación están siendo domesticados por el Estado, violando sus ideales y sometiéndose a divulgar una verdad a medias. A pesar de toda esta desilusión, de simulación y fantasía política, aún existe un pequeño grupo de profesionales del periodismo capaces de oponerse y expresar su amargura por las restricciones e inquietudes que se observan por parte del Estado y sus mismos compañeros. ¿Quieren quitarle el poder al pueblo? Omitan la verdad y divulguen fantasías.