Pablo Marenco Chávez, un ejemplo de superación

Vie, 19/08/2022 - 16:48
PAblo MArenco Chavez

Lic. Paulo Marenco Sánchez, abogado de la oficina de Asistencia Legal de la UP.

Autor:

Carmen Guevara C. | Foto: Ian Arcia

El servidor público debe ser correcto en su actuar, servir a la comunidad y no servirse de un lugar o cargo… “Dios nos ha dado el mismo intelecto y capacidad a todos, simplemente unos no lo saben usar”.

Las personas se trazan metas para lograr alcanzarlas. En ocasiones, con mucho esfuerzo y sacrificio.  Paulo Marenco Chávez, servidor público administrativo de la Universidad de Panamá, con más de 28 años como funcionario, se considera una de esas personas.

Pese a ser oriundo de Chiriquí, a los 5 años, junto a su familia, se trasladó a la ciudad de Panamá. La parada, que se prolongó por un tiempo, ocurrió en Calle 5ta Catedral, en el histórico barrio de San Felipe. Esto le condujo a efectuar sus primeros estudios en la Escuela Simón Bolívar.

Con una melancolía que podría calificarse de histórica, relata que vivir en Catedral le permitió ver de lejos a dignatarios de la República como Basilio Lakas, Aristides Royo y al general Omar Torrijos Herrera, entre muchos otros. 

Terminó los estudios primarios en la Escuela El Japón, en la Locería, cuando su familia decidió vivir en Viejo Veranillo. Curiosamente se trata de un asentamiento humano ubicado frente a la Universidad de Panamá.

Culminada la educación primaria, ingresó a la  Escuela  Artes y Oficios  Melchor Lasso De La Vega, donde cursó 6 años, logrando obtener el bachillerato Industrial en Máquinas Comerciales.

En el Arte, como se conocía popularmente, fue integrante de la banda de música, interpretando la corneta.  Para agregar más, esto fue lo que dijo: “En 1986 ganamos el primer concurso de bandas organizado por el Ministerio de Educación”.

El hoy abogado, comenta que con el bachiller del Artes y Oficios, la única carrera que le permitiría ingresar a la universidad era Educación Física – “Yo era bueno en deportes”-.

En la UP comenzó su experiencia laboral como trabajador manual.  Ello pasó en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas. Mientras trabajaba en Derecho, inició estudios en la Facultad de Humanidades donde logró graduarse de licenciado en Educación Física.

El hombre de las metas no se limitó a conservar un solo título, ni una disciplina, decidió continuar estudiando, graduándose de abogado en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la UP.

En otro ángulo de la conversación con el Semanario La Universidad, Paulo confiesa que su vida está llena de satisfacciones, las que comparte con su familia.  La atracción por el deporte es una de ellas: “Gané por 10 años consecutivos la Carrera Atlética Universitaria, organizada por la Vicerrectoría de Asuntos Estudiantiles. El trayecto inició en el Instituto Nacional y concluyó en la Colina, son 8 kilómetros y medio”.

Lo que hace como abogado en la Oficina de Asistencia Legal, también lo llena de satisfacciones.  Por ejemplo, prestar servicios como jurista a favor de personas de bajos recursos y brindar ayuda en asesoría.

Como orientador legal atiende asuntos vinculados al ámbito de familia -divorcio, reglamentación de visitas guarda crianza, impugnación de paternidad, filiación y otros. También, atiende otras esferas como: procesos civiles, administrativos y correccionales.

Entre algunas anécdotas, como excorregidor destaca: “Me tocó el fenómeno de la Ley 30, conocida también como “Ley Chorizo”, la cual eliminaba las evaluaciones de impacto ambiental para obras declaradas de interés social.” En ese entonces mucha gente  fue detenida. Hubo conflictos de cierres de calles y daños a la propiedad privada.

En mi actuar hice lo correcto, lo que dicta la Constitución y la Ley. Como servidor público se debe hacer lo correcto, ni extralimitarme ni hacer omisión, esta última es más peligrosa porque usted ve el acto y no lo denuncia, y después vienen las consecuencias. 

Paulo Marenco sugiere que el panameño conozca la Constitución, en sus preceptos y principios. Añade que da satisfacción hacer lo correcto y poder defenderse con el arma de la verdad.