Dra. Saturnina Rangel/Docente Cru de Panamá Este
Este refrán está dirigido para aquellas personas que no ven o dejan de analizar que la vida es un proceso y dura su tiempo, intentar acelerar las cosas o querer que sucedan antes, no ocurrirá así todo el tiempo. Todos los acontecimientos deben seguir su curso natural, el apresuramiento no sirve de nada. Por lo tanto, no es necesario apresurarse más de lo normal, es imposible adelantarse al reloj de la vida.
De ahí la importancia de no tomar decisiones de manera acelerada. Los acontecimientos van sucediendo según su curso natural, porque los resultados finales se pueden ver afectados de manera negativa. Nuestra máxima aspiración y necesidad personal es desempeñar un buen estilo de vida y saber al menos, qué cosas se pueden hacer, dónde hay que buscarlas, cómo nos relacionamos con los demás y otras cuestiones similares que nos dan confianza para evitar muchos errores.
A nivel de tecnología todo va muy rápido, pero a nivel biológico y cerebral los cambios se producen lentamente. Por eso es fundamental volver a conectar con la quietud, con la calma, con la naturaleza, que tiene sus propios ciclos. Querer ir al paso de la tecnología es imposible, los ordenadores cada vez trabajan más rápido y nos mimetizamos con su ritmo, a veces nos piden que vayamos a una velocidad que no es propia de nosotros, sino de máquinas. Que el envío de correos electrónicos sea instantáneo no implica que la redacción también deba serlo.
No existe la redacción instantánea como tampoco existen las personas multitareas, aunque algunos se empeñen. El éxito para el hombre está en hacer lo que hace bien hecho y para hacer las cosas bien se necesita tiempo y no andar acelerado, baja las revoluciones que no por mucho madrugar, amanece más temprano.