Omar A. Joseph /Relacionista Público
3:30 a.m., suena la alarma, de un salto bajó de su cama, taciturna; el sueño no fue de los reparadores, la mente siempre pendiente y el cuerpo acusaba el estrés, rauda, pues el tiempo, y sus minutos son valiosos. Se lava la cara, se apresura al baño, ligera puntual, pues el tiempo conspira en contra. La ropa casi de utilería ya está dispuesta desde la noche anterior, no importa nada el maquillaje y poco menos el peinado. Lista, al salir de casa 3:45 a.m. Un suspiro, un gracias, Dios, una oración para encomendarle su día. Unas gracias por todo. Un protégeme y que se haga tu voluntad Señor.
Para emprender el camino a un Oncológico con menos presupuesto. El viaje, pretende ser breve, por la hora, la distancia geográficamente de pocos kilómetros, pero el tráfico es una pesadilla que convierte la distancia física en una distancia horaria, una hora es el viaje de 23 kilómetros. 5:00 a.m. hubo una fila para registrar su nombre en la máquina que hace las veces de anfitriona. Hay que esperar la luz del sol, a las 7:00 a.m., sin retrasos iniciarían las funciones administrativas, mientras llegan los especialistas. Hay filas, ya muchos esperan lo mismo: ser atendidos en busca de salud. 8:25 a.m., llegó su turno. Un pinchazo, diez segundos han sido suficiente para sacarle un pequeño tubo con sangre, una muestra para un análisis.
Esperar es el paso siguiente, ya puede desayunar, prueba es en ayuna. 11:40 a.m. el llamado de la mis le despierta de ese cabecear somnoliento en un rincón de (0.40 cm2) en su entorno, la mayoría practica la contorción para descansar en posiciones innaturales. ¡Drama, cóncavo y convexo! (el dinero es para las elecciones no para la salud). Una mirada rápida para ubicarse, le muestra que la sala está repleta, multicolor, todo es un drama. El especialista, amable, como una condición intrínseca, revisa prolijo su computador, hace las preguntas de rigor: ¿Cómo estás, ¿Cómo te sientes hoy? Luego de verificar aprueba la dosis del “veneno” que salva.
La quimio te espera. O dicho correctamente, haz la fila y espera la quimio. 12:10 m.d. a la fila de la farmacia, el sistema ayuda con la receta ya es cuestión de un llamado para que los farmaceutas, concentrados, entregados a su labor impriman la receta que ha de llevar a la sala de quimio, donde otra fila precede. 2:45 p.m. la alta voz, le nombra. Llegó su turno, la hoja dice: “dosis de 2 horas” 5:00 p.m. inicia su regreso a casa. Tuvo suerte, hoy la llevan. La distancia de 23 kilómetros tarda casi dos horas. Se durmió, o se desmayó. Nunca lo sabe. Hasta la próxima dosis.