Dra. Saturnina Rangel/Docente Cru de Panamá Este
La pieza se encuentra colocada en el Ministerio de Salud de Buenos Aires. Esta figura adorna el edificio de Acción Social en el país del Sur. Aunque propiamente no es un monumento, es una pieza decorativa de arquitectura. Por muchos años ha pasado desapercibida, pero en la actualidad ha tomado relevancia por los casos de corrupción y clientelismo en la administración de ese país. Algunos historiadores y arquitectos aseguran que se ideó para criticar los sobornos en el país, que abundaban en las concesiones de obra pública en el país durante los años 30.
Historiadores y arquitectos dan por cierto que fue construida por una denuncia de coima, soborno o mordida; todas tienen el mismo significado. La estatua lleva un cofre pegado al cuerpo de su mano izquierda y la otra mano extendida hacia atrás, demostrando “Dame lo mío sin que se entere nadie”. Esta expresión es propia y no está en la estatua, es la forma que lo demuestra en su mirada distraída y posición de esperar propina.
Visitantes de todas partes del mundo se admiran al ver su expresión tan evidente. Con una altura de 10 metros en el edificio que la adorna, todos los que la observan sacan su conclusión. Supongamos que en Panamá se hiciese una estatua por territorio lo administraran “cual, si fueran soberanos”, e Igualmente se les cedió el monopolio para la construcción de cualquier comunicación interoceánica. Lo más visceral es que expuso a su población panameña al permitir a Estados Unidos intervenir para mantener la paz pública y el orden constitucional.
Apropiado esto para los sectores dominantes y nefasto para los sectores populares y medios. En definitiva, el pacto selló nuestra historia durante el siglo XX. cada soborno realizado por los gobiernos pasados y presentes en contubernio con ministros, diputados, representantes, concejales y todas las administraciones públicas. Les aseguro que no tendríamos áreas verdes ni parques, todo el país sería estatuas de granito, mármol y caliza. El Monumento a la coima fue ideado por el arquitecto Alberto Belgrano Blanco y construido por José Hortal, en aquel entonces director nacional de arquitectura. Es a este artista a quien se le atribuye la intención de denunciar los sobornos.