Omar A. Joseph /Relacionista Público
La Universidad de Panamá, con una planilla que supera los 3,500, entre servidores públicos administrativos y docentes, ajusta su presupuesto y ese rublo – planilla- supera el ochenta por ciento de gasto anual. Su impacto social, como motor de gestión para la movilidad social del pueblo a través de la educación superior y de calidad, es una misión humanitaria y científica. Presente en todo el país, asegurándose que exista la posibilidad de que el individuo con más carencias pueda aspirar a cambiar su vida y la de su entorno. Misión valiente loable que ya supera las ocho décadas.
Aunque, en sus nuevos derroteros se enfrenta a la desidia gubernamental que de a poco mira a través del lente de la frivolidad, dándole la espalda a la educación, pese a esos clichés de campañas que prometen, para luego gastar dineros en “foquitos y basuras, en fiestas suntuosas, en botellas y viajes, en sobrecostos y supuestas coimas” sin comprometerse en educar a un pueblo (sospecho que es porque: si el pueblo es ignorante, aun le puede cambiar el oro por el espejito).
¡Gracias! Porque esta institución, con un costo simbólico, en su matrícula, procura entregar a un pueblo educación de calidad, gracias a los docentes porque: educan a los médicos que han batallado por la salud de la nación, a los científicos que miran a través de los ojos de Julio Berne -haciendo de lo que fue ficción realidades-. A los humanistas que han dejado sus huellas, a lo Gil Blas Tejeira, o con el talante para la educación en la sociología que distinguía a Marcos Gandasegui. Demostrando que se pueden construir castillos con la técnica de Mallol. Investigar día a día para vencer la pandemia más atroz que ha enfrentado el planeta, el SIDA, como lo hace Adán Ríos.
Entre otros muchos y muchas panameñas que como he señalado antes, a través de la oportunidad que le brinda esta universidad han logrado transformar su entorno, y con ello variar el paisaje social. ¡Gracias! ¡Gracias! Porque honrar, honra y toca reconocer, en estas líneas, el trabajo arduo, silencioso de muchos administrativos y de las reivindicaciones logradas a lo largo de su desarrollo como asociación hasta la evolución a sindicato ¡Gracias! Sí, porque, por esos tantos pasos progresistas, hoy los administrativos cuentan con un catálogo de beneficios que en su gran mayoría riñen con la paga. Entre ellos, por ejemplo, lo concerniente a la salud del personal y de los familiares.
Un respaldo del que poco se habla. Pero, es de una importancia invaluable. Todo esto, quizás, logrado a través de luchas y negociaciones o, también, porque quienes timonean esta gran nave tienen como denominador común ser producto de la masa social que a través de la educación que brinda esta universidad han logrado convertirse en profesionales. (el cura no olvidó cuando fue sacristán).