Etelvina Hernández Aguirre /Docente Universidad de Panamá
Aquí y en cualquier parte del mundo los jóvenes no están interesados en la política, y persiste en cada periodo electoral, la desmotivación por el voto. El próximo 5 de mayo de 2024, se verificarán las elecciones generales y cerca del 30 por ciento, de los 3 millones de panameños habilitados, tienen menos de 30 años. Cien mil votantes nuevos se convierten en actores del escenario político. Derivada de la neurociencia, la neuropolítica estudia el comportamiento político de los electores. Y es que el cerebro, frente a diferentes estímulos en forma de mensajes y atributos del político, que luego se traducen en sentimientos y emociones, favorecen la toma de decisiones electorales.
Al estudiar estos vínculos, el doctor en psicología política, Westen Drew (2007) sostiene que la política es un asunto de las emociones y no del raciocinio, los votos no emergen de la racionalidad calculadora, lógica y coherente. Este autor sustenta sus hallazgos en estudios realizados a grupos demócratas y republicanos de Estados Unidos, en el que estos últimos ganan las elecciones apelando al corazón, aunque la sociedad esté de acuerdo con los planteamientos razonados de los demócratas. Otros resultados en Alemania evidencian que el cerebro confiere importancia a la imagen, aspecto físico y rasgos faciales del candidato, e influyen sobre el voto.
Aunque la razón y la emoción operan de manera conjunta, se dan ciertas particularidades en cada sujeto. Las emociones presentes al momento de votar tienen que ver con el miedo, alegría, afecto, enojo, tristeza, frustración, entre otras. Las encuestas y los grupos focales para obtener información que retroalimente las campañas políticas quedaron atrás. Hoy se recurre a técnicas de exploración cerebral como la neuroimagen y resonancia magnética que reflejan las reacciones emocionales en tiempo real. Francia, Reino Unido, EE. UU, Argentina, Ecuador, México y muchos otros países aplican estas estrategias. Al hablar de participación electoral, los jóvenes se encuentran preparados intelectualmente para tomar la decisión de votar; en este aspecto imitan a las personas adultas.
También, tienen una presencia en el espacio público y su discurso se centra en las grandes insatisfacciones, sociales, culturales, de educación, ambientales, de la mayoría de las personas. No obstante, los jóvenes en general toman distancia de un asunto que les compete, pero no los convoca. Las causas son el descontento hacia los partidos políticos, los perciben como estructuras anquilosadas que no responden a las necesidades de las comunidades, el juega vivo, corrupción, poca transparencia, son otros elementos del pronunciado descontento juvenil.
La neuropolítica tiene poco camino recorrido, aun así, el eje del pensamiento que deriva de este innovador campo de análisis es que el cerebro modela el comportamiento político de los ciudadanos. De allí que cabría preguntarse ¿Bajo qué influencias el cerebro modela ese comportamiento político de los jóvenes hoy?
¿Su independencia intelectual será lo suficientemente sólida para hacerle frente al juego inconsciente del lenguaje político? Respuestas pendientes.