Lic. Omar A. Joseph/ Relacionista Público
Las notas claras para iniciar: las deudas y préstamos en los que ha incurrido el estado panameño para “afrontar las necesidades del pueblo” golpeado por la pandemia, al igual que el mundo entero, suponía una estrategia casi que obligada. De ella se desprenden la puesta en marcha de los planes de solidaridad, entre los que se encuentran, bono digital y, una alianza, llamémosle así, con los bancos para que el pueblo (profesional) tuviese un respiro por la paralización económica del país; todos marcados por alguna inconsistencia u oportunismo.
Bajo el paraguas COVID-19 su amplia envergadura, se han licitado y legislado casi sin controles, sobre los dineros del pueblo panameño, como resultado la repartición de las miserias de las desgracias para la mayoría, mientras han ido creciendo los nuevos ricos, ellos dentro del Estado y/o cerca de su círculo cero. El grito de la desigualdad social parece ya no ser una consigna de los obreros sindicalizados (llegó el cuco). Una cadena de escándalos que como estrategia- al parecer va uno tapando el impacto mediático del anterior, pero todos quedan sin explicaciones y con ello “investigaciones abiertas”.
Solo es cuestión de ir a las hemerotecas o videotecas de los medios de comunicación para hacer una bitácora de escándalos -impunes- a los que la sociedad diezmada por su instinto de supervivencia, atomizada y por qué no decirlo, con la esperanza de que acabe todo ¿el Gobierno, la corrupción, el Covid-19? Parece dejar pasar. Hoy anuncia con sus acciones cada vez más recurrentes: protestas, cierres etc.
Que su límite de tolerancia es cada día menor. Pero por un lado son esas sensaciones de frustración social, que poco a poco se hacen más evidentes, ante la aparente inacción de los gobernantes, “esos juega vivo”; los dineros que parecen no llegar a su destino, los gastos “mal justificados” de la administración, durante un período de austeridad, los negociados en las penumbras de las normas. Las denuncias de los mismos, la justicia correteando a los que se manifiestan o al (pillo) que se roba un celular.
No así el creciente crimen organizado como parece ser “la narco política”. La CSJ de espalda a la justicia, la CSS “trabajando” para su dueño, no para el pueblo. Como se ve en sus parapléjicas acciones frente al vulgar abuso en los temas de medicamentos, por ejemplo y una asamblea que legisla por reconocer “el Día de la Chácara”.
Notas claras, para iniciar estas consideraciones. Usted que lee este grito de frustración, colóquelas. ¡Notas claras, consideraciones