Púlpito y pintura de la Inmaculada Concepción

Vie, 06/10/2023 - 19:57
Autor:

Luis o. Guerra/Fotos: cortesía de Candy Barberena

escuela quiteña
Escuela quiteña. Inmaculada Concepción, siglo XVIII. Óleo sobre madera, 64 cm. (altura) x 37 cm. (ancho). Púlpito de la Basílica Menor de Santiago Apóstol. Natá, Coclé.

En continuidad al trabajo de investigación sobre el arte barroco indigenizado, emprendido por la doctora Candy Barberena, publicado en 2 ediciones del Semanario La Universidad, en esta oportunidad la historiadora destaca que el púlpito y la pintura de la Inmaculada Concepción de la Basílica Menor de Santiago Apóstol, de Natá, Coclé, pertenece al siglo XVIII.

Revela que el diseño realizado en madera presenta una talla simétrica de rocallas, flores y pequeños ángeles, y responde al estilo barroco español popular. El púlpito de artista anónimo mide 3.58 cm de altura x 1.21 m diámetro.

El tornavoz de madera -pequeño dosel generalmente plano, situado sobre el púlpito para facilitar que la voz del predicador llegue a todos los rincones de la iglesia- está decorado con una paloma, símbolo del Espíritu Santo para indicar que las enseñanzas que se realizan desde el púlpito son inspiradas.

Barberena explica que en el respaldar va una delicada representación de la Virgen Inmaculada realizada en pan de oro -placas de oro martilladas hasta obtener láminas finas, y la técnica para aplicarlo en una obra de arte llamada dorar-. Aparece en el color de la madera, en blanco, con una talla simétrica de rocallas, flores y pequeños ángeles. Atribuible a la “Escuela Quiteña de Arte” por las características iconográficas propias de la región andina. Constituye parte del simbolismo mariano floral, con una iconografía muy particular de la Virgen emergiendo de un jarrón de oro, cual flor virginal y pura. Está realizada con la técnica europea de óleo sobre madera, y enmarcada con cardinas en madera tallada, y en pan de oro.

Debido a la escasez de información que se tiene de esta y otras pinturas, se ha procurado descifrar sus simbologías barrocas y técnicas utilizadas, lo que puede ayudar a ubicar sus orígenes.

Su cuerpo va rodeado de los rayos del sol en simbolismo apocalíptico de su radiante presencia; porta corona y lleva aretes, collar y brazaletes en ambas manos -joyería de las escuelas andinas.

Además, luce su distintivo ropaje en blanco y azul, colores tradicionales de la Inmaculada. Los simbolismos florales en el proceso de evangelización implicaron la utilización de 2 flores específicas: rosa mystica y la passiflora vitifolia.

taller nata
Escuela Taller de Natá. Púlpito, 1751. Madera con una talla simétrica de rocallas, flores y pequeños ángeles. Estilo: Barroco Español Popular.

Arbeteta Mira, citando a Schenone comparte: “Flores blancas: pureza, inocencia, virginidad. Son los atributos con que el cristianismo, durante siglos, ha dotado a la Virgen María mediante la representación de lirios o azucenas, rosas blancas sin espinas y margaritas”. A veces estas multiplican sus funciones simbólicas, y otras se delimitan a una alegoría, un episodio o una virtud. Pero, sin duda, el simbolismo floral más acorde con el espíritu artístico del barroco es el aporte que realiza San Juan de la Cruz cuando ve en la flor la imagen de las virtudes del alma, y en el ramillete que las une, la perfección espiritual (Chevalier y Gheerbrant).

Barberena sostiene que independiente de las particularidades, la flor será dentro del contexto mariano, el emblema de alguna virtud ensalzada por los valores cristianos. A menudo, la Virgen es retratada en el floreado hortus conclusus -frase que en latín significa “huerto cerrado”- jardín cerrado que representa la virginidad, así como también se le asocia a una serie de epítetos botánicos provenientes del Cantar de los Cantares, el Eclesiastés y otros libros bíblicos: cedro («alta como cedro»), ciprés, olivo («como un hermoso olivo en el valle»), palmera, lirio («como un lirio entre espinas»), rosal, vid, por mencionar algunos (cit. en Schenone 31-2)”.