Carmen M. Guevara Cruz /Periodista *Texto e Imagen /Crédito: AFP via Getty Images

La Invasión a Panamá, mal llamada “Causa Justa”, perpetrada por la primera potencia del mundo, el 20 de diciembre de 1989, tuvo innumerables secuelas y problemas sociales como la violencia que vivió la niñez. De igual manera, la juventud, la destrucción del sistema educativo, económico y político a raíz del bloqueo. Asimismo, los atropellos cometidos en perjuicio de una población desprotegida, amparándose en una excusa no creíble, para disfrazar sus verdaderas intenciones: ocupar el territorio y expandir sus intereses imperiales.

Frente a este hecho histórico, el Semanario La Universidad consultó al académico, doctor Franklin De Gracia, director del Instituto Centroamericano de Administración y Supervisión de la Educación (Icase).
De Gracia explica que a raíz de la invasión surgieron algunos problemas sociales como, por ejemplo, la población que residía en el barrio de El Chorrillo. La niñez y la juventud observaron a familiares, vecinos y conocidos masacrados. Se trató de un acto de barbarie ejecutado por el coloso del norte que destruyó a la sociedad desde el punto de vista de la dignidad.
De Gracia mira este hecho desde el punto de vista pedagógico y psicológico. Lo define como la disminución del valor a la vida de los jóvenes de esa generación. Argumenta que para esos jóvenes saltarse un muerto en la carretera, mirarlo aplastado por una tanqueta y destruido literalmente por las armas, dio como resultado que se familiarizaran con la muerte.
Agrega, que antes de la invasión, ya surgía el pandillerismo. En ese entonces, llamado “Clan agua” y “Clan Choclitos”, eran las primeras bandas que se escuchaban.
Explica que con el surgimiento de los Batallones de la Dignidad se repartieron armas para la defensa nacional en el distrito de San Miguelito, El Chorrillo y la provincia de Colón, “Para nadie es un secreto que ese armamento quedó en la calle, a pesar de que el gobierno norteamericano desarrolló una estrategia de “Armas por comida”, e incluso armas por dinero, dependiendo del tipo de calibre.
Desde el punto de vista pedagógico, De Gracia resalta que esa situación trajo otra situación, “toda la generación del 89 tuvo beneficio educativo, que fue un pase social para todos los estudiantes que cursaban el último grado de primaria y secundaria, y que luego termina en 1995. Esto desencadenó el surgimiento de profesionales con algún tipo de carencia, porque no había recursos económicos para las escuelas.
A consecuencia del bloqueo económico, a las escuelas no llegaban los recursos para adquirir libros y la tecnología era de otro tipo, como láminas didácticas, por ejemplo.
Expresa que desde ese momento histórico la población afectada debió ser tratada, en su conjunto, por especialistas psiquiatras y psicólogos que hubiesen ayudado a sacar el resentimiento social por haber sido avasallado por el imperio más grande del mundo, destruido la estructura económica, el ejército y haber impuesto un Gobierno.
Manifestó que la recuperación económica llegó gracias al contralor, Rubén Darío Carles, quien se convirtió en el fiscalizador más férreo del gasto público, tanto así que se ganó apodos como “tacaño” e “inflexible”. Mejor conocido como “Chinchorro”. Ayudó a la activación financiera y económica del país.