Rainer Tuñón C. Director de Información y Relaciones Públicas de la UP/Foto: Producción de Érase una vez en Panamá

La parodia es una manifestación satírica que interpreta sucesos u obras que imitan en tono burlesco ciertas realidades como vehículo de protesta. En la antigua Grecia se hacían poemas que emulaban otros poemas con irreverencia. Si bien, griegos y romanos agregaban comedia, siglos más tarde los franceses llegaron a convertirse en reyes de este género.
En el cine, la parodia llegó a ser fundamental para completar ciclos de vida de movimientos que iban al ocaso. El cómico Stan Laurel parodió a Rodolfo Valentino para el filme Barro y arena en 1922; Charles Chaplin hizo en 1940 el clásico titulado El gran dictador, parodiando a Adolfo Hitler, y definitivamente el genial Mel Brooks evangelizó este singular estilo con cintas como Los productores, El joven Frankenstein, Blazing Saddles, La loca historia del mundo o Spaceballs, haciendo de ella toda una escuela para que generaciones de cineastas captaran que las realidades cotidianas más dolorosas podrán parodiarse y ser exitosas.
En Panamá, el productor, director y actor panameño Elmis Castillo, a través de su trabajo como artista y realizador audiovisual para televisión y redes sociales, se ha dedicado a parodiar situaciones que molestan y duelen al ciudadano. Lo ha hecho, convencido en que de alguna manera la crítica social debe tener otras vías de escape.
En su más reciente emprendimiento denominado Érase una vez en Panamá, el cineasta comparte a medios de comunicación que: “(…) Parodié sucesos que habían ocurrido y amarraban una historia sencilla. Aquí la crítica no va directamente solo a los políticos que han hecho cosas; esta vez los puse como indígenas, como caciques, porque no es exactamente la parodia de sus sucesos, sino que estoy tratando de hacer una crítica directa al sistema de salud, a cómo de repente estos políticos ven a las personas como si tuvieran menores capacidades. También hay una crítica fuerte al tema del agua que vivimos en Panamá”.
En este filme, Ermisendo, su personaje principal, es un conserje con suerte de tiktoker, acusado de ser parte de un robo de fentanilo en un hospital de la localidad que, en medio de su plan de fuga dentro del centro médico, conoce a un viejo “macho de monte”, y este le relata sus días en la dictadura militar y cómo desmanteló una red de tráfico de niños, así que lo relatado logra inspirarlo para enfrentarse contra quienes lo incriminaron.
Bueno, por la experiencia del espectador, se interpreta que el director tiene momentos que llevan a ciertas reflexiones. Según se lee desde las redes sociales, las reacciones de una parte del público han sido positivas. Por ejemplo, mencionan: “A mí me gustó”; “fue un guion sencillo con varios mensajes a analizar y tomar en cuenta para estas elecciones”, o “(…) las actuaciones están bien logradas”. Ahora, es muy probable que entienda que se trata de un proyecto de bajo presupuesto, hecho con cariño para las audiencias, pero ¿es cine de calidad?