Rainer Tuñón C. - Director RRPP-UP/Foto: Europa Corp.

Douglas es un niño que crece en medio de abusos, violencia e incomprensión, pero protegido por una manada canina que muestra amor real entre tanto dolor. El muchacho crece y se convierte en una especie de vigilante ciudadano que ayuda a los desprotegidos y cuenta con la compañía de sus perros para alcanzar sus propósitos.
La historia, aunque simple, se llena de múltiples capas para mostrarnos un relato agridulce con tintes violentos, provisto de un humor punzante y el desarrollo de un estudio de antihéroe o villano que podría estar dentro del universo cinematográfico de cualquier serial de superhéroes conocidos.
Dogman marca el retorno del realizador francés Luc Besson, cuya cinematografía está acostumbrada a presentar personajes tan representativos como León, el asesino profesional; Nikita, la mujer dura de matar; el insípido y desafortunado hombre que durante un intento de suicidio rescata a una hermosa damisela en condiciones similares (Angel-A) o el violento luchador que es rescatado por un músico ciego en Danny The Dog, en una de sus producciones más recordadas.
Este filme, que pasó desapercibido por las carteleras locales y está disponible en plataformas de streaming, se convierte en una de las más inusuales y sorpresivas películas de acción del último año. De hecho, no es perfecta, pero logra mantener el interés por conocer el mundo de su protagonista, interpretado con gran acierto por el estadounidense Caleb Landry Jones, quien aporta una hipnótica presencia al mostrarnos las facetas de Douglas como artista, pensador, delincuente, redentor, líder de manada y violento vengador anónimo.
Sobre esta película, el crítico Nando Salvá de El Periódico, nos relata que: “resulta difícil resistirse a ella tanto por la convicción con la que el material argumental es manejado por Besson como sobre todo por la milagrosa capacidad de Caleb Landry Jones para poner en pie a un personaje imposible”.
Asimismo, Antonio Spíndola, de la revista especializada Premiere, comenta que: “(…) El retorno de Luc Besson a la pantalla grande es de naturaleza juguetona, de una derrama de luz y color seductora sobremanera, aunque muy criticada por su falta de sustancia. De pretender apreciarla como un estudio de personaje, es cierto que Dogman no consigue ser enteramente convincente ni aguda. (…) Es, antes que cualquier otra cosa, un ejercicio de estilo con un estelar estupendo y el potencial de complacer a todo amante de los perros”.
En fin, esta cinta resulta alocada y a veces tierna, -muy a su manera-, así como desgarradora y aleccionadora por la manera en que interpretamos el amor y la devoción de las mascotas que se convierten en protectoras permanentes de un ser completamente destruido por sus progenitores y desprovisto de todo el apoyo de una sociedad de solo ve en él necesidades insolventes a propósito de sus discapacidades, y surge como un impetuoso ejercicio cinematográfico que alcanza a cautivar contra todo pronóstico.