Rainer Tuñón C. - Director de Informacion y Relaciones Públicas de la UP/Foto: Tomada del sitio sostenibles.com.pa

“Bienvenidos al sueño panameño” es la frase de impacto que deja el filme Chacalería. De esta manera, su realizador, Gurnir Singh, intenta armar una pieza que hace referencia (y toma prestado ciertos elementos) de distintos géneros cinematográficos para narrar los sinsabores ciudadanos respecto a la sociedad con la esperanza de conducirnos hacia una profunda reflexión sobre el inevitable diario vivir.
Chacalería es una película dramática, con toques de acción, crimen, thriller y humor negro sobre una abogada y pequeña empresaria que, al perder su trabajo entre los tiempos de los Panama Papers y luego, la pandemia por el COVID, encuentra mejores días desde el emprendimiento clandestino. En el interín, un policía, seducido por la corrupción, busca sus servicios para mover un dinero producto de un robo.
En este contexto conocemos a Antonia (Mayra Hurley), su protagonista que, a través de largos e incisivos monólogos, nos invita al lamentable terreno que los panameños caricaturizamos porque en un momento dado sentimos que a todos nos pasa lo mismo y no hay quien ponga coto. Se trata de una sucesión de escenas que describen a un país en donde lo justo no es necesariamente lo correcto, la impunidad es pan de cada día, todos somos corruptibles, de una forma u otra y el mañana está escrito desde el “juega vivo” de todo un sistema de administración de la cosa pública.
Solo basta ser testigos de lo narrado - por ejemplo - cuando un policía (Miguel Oyola) - solicitando un “apoyo” de cuarenta dólares- permite el paso a una humilde señora que necesita hacer un trámite a pocos minutos de cerrar un banco en aquellos días de salidas temporales de hombres y mujeres durante los años de la pandemia por el COVID-19, pero al mismo tiempo se maneja como un profesional honesto que no se deja corromper.
Curioso, el término chacalería para el título de la película, pues según el portal Diccionariolibre.com se describe la “actitud propia de las personas del guetto, es decir, de barrios bajos”, o para algunos internautas “una persona que, debido a su nivel socioeconómico, falta de educación, ocupación (a veces recurren a la delincuencia) y gustos musicales, primordialmente el reguetón;” sin embargo, no necesariamente se ve reflejado desde la óptica de lo narrado.
Técnicamente, la cinta tiene algunos buenos momentos. Su cinematografía es precisa, la música y el sonido crean una intensa atmósfera que decae por el exceso de peroratas que persiguen remplazar circunstancias que pudieron ser entretenidas sin tanta palabrería.
Aun así, me quedo con el buen trabajo de promoción, su detrás de escenas y el marketing relacionado a la producción, que me resultaron mucho más atractivo que la película en sí. Para muestra, las reseñas que aparecen en chacaleriamovie.com.