Rainer Tuñón C. - Director RRPP-UP/Foto: Película Todo está perdido, Lionsgate Films

Existen películas muy intensas, centradas en un personaje. En las plataformas de streaming podemos buscar y encontrar interesantes ejemplos. Tener algo qué decir con un solo actor requiere mucha imaginación, dominio de las técnicas audiovisuales y una sensibilidad histriónica que logre seducir a la audiencia. Cada vez que un realizador se plantea como reto crear un concepto con estos atributos mencionados, puede que se obtenga el resultado esperado o que genuinamente supere todas las expectativas; pero más allá de ello, existe el desafío por desarrollar este tipo de proyectos con un solo escenario, un guion impecable, un prodigio en la dirección y un protagonista realmente comprometido con su oficio.
Recientemente, vimos a Robert Redford luchando por sobrevivir en alta mar en el filme Todo está perdido y a un extraordinario Tom Hardy en Locke, como un tipo que realiza una serie de llamadas telefónicas cruciales mientras conduce por la noche.
Asimismo, las cintas 127 horas, de Danny Boyle (ganador del Óscar con Quiero ser millonario) y Enterrado, del director gallego Rodrigo Cortés, con Ryan Reynolds, son otros dos grandes ejemplos.
El actor Sam Rockwell, dirigido por Duncan Jones (hijo de la estrella del pop David Bowie) regresó a la raíz de la ciencia ficción con el trabajo independiente. En la luna, en donde prevalece la auténtica profundidad del discurso de su protagonista que se debate entre el aislamiento y la paranoia mientras termina su contrato de tres años en la Base Minera Sarang de Lunar Industries Ltd.
También, Colin Farrell preparó una de sus mejores actuaciones en el trhiller Phone Booth, en donde un publicista mentiroso se convierte en blanco de un paladín de la moralidad que con rifle en mano pretende acabar con él si no hace todo lo que le indique.
Tom Hanks se lució física y psicológicamente para encarnar a un ejecutivo de una multinacional de envíos que se convierte en náufrago por cuatro años en una isla remota. Su rol en el filme constituyó 55 minutos de monólogo (aun conversando con Wilson, un balón de voleibol); y, por otra parte, Will Smith también tuvo 55 minutos de soledad en la película Soy Leyenda, para contar la travesía de un científico que sobrevive a una plaga mortal en la tierra y se la pasa buscando la cura.
En el cine independiente también existen otras obras que se distinguen por dedicarse a contar con un solo actor, entre ellas: The Wild Blue Yonder, de Werner Herzog; Blow Job de Andy Warhol; Johnny Got His Gun, La vida de Reilly’s o Yaadein (1964), dirigido por Sunil Dutt; El honor secreto de Robert Altman; The Noah, de Daniel Bourla; La última carta (2002), dirigida por Frederick Wiseman, Terrors of Pleasure (1988), de Thomas Schalamme; Monster in a Box, de Nick Broomfield, Nadando hacia Cambodia (1987), de Jonathan Demme y Gray’s Anatomy (1996), de Steven Soderbergh, que son títulos muy especiales.