Rainer Tuñón C./Director de Información y Relaciones Públicas de la UP. Foto: Universal Pictures.

Como una fábula gore sobre la pesadilla vista desde el mito de la sexualización de la eterna belleza femenina, el filme La sustancia logra su cometido: incomodar a la audiencia desde el subgénero del terror conocido como horror corporal.
Su trama es sencilla, una veterana gloria hollywoodense, ante su inminente salida del glamour de las cámaras, recurre en el mercado negro a una droga experimental para rejuvenecerse y obtener un cuerpo de diosa pecadora salido de su propio ser. Por supuesto, el resultado de esta historia tiene que ver con las situaciones que aterrizan entre lo mórbido y monstruoso, con efecto “Sanjuro” incluido.
Así, la directora francesa, Coralie Fargeat (La venganza), suma a Demi Moore para encarnar a la diva decadente, y vaya que logra llevarnos al campo de las consecuencias de su enfermiza vanidad. En este relato, los planos nos ubican en las paredes de la terrorífica sicología del Kubrick (El resplandor) y su propuesta despierta la obscena molestia infundida desde la visión de algunos maestros como Tod Browning (Freaks), John Carpenter (El enigma de otro mundo), Stuart Gordon (From Beyond), Clive Barker (Hellraiser), Peter Jackson (Braindead), James Gunn (Slither) o Jean Pierre Jeunet (Alien Resurrection), con guiños al retorcido humor de La muerte le sienta bien, de Robert Zemeckis; Thinner, basada en una historia de Stephen King y definitivamente una evidente fascinación por el David Cronenberg de La Mosca, Videodrome o Crímenes del futuro.
De esta manera, ubicamos a la protagonista en el paradigma de la belleza sexualizada como blanco fácil y producto de consumo masivo de la era de la cancelación, pero al mismo tiempo, moviendo su futuro hacia las deformidades y sus torpes decisiones, lo que al final se convierte -para el público- en una genuina alteración que perturba los sentidos.
El cine de horror corporal se distingue, para sus fieles seguidores, por los desequilibrios que desfilan ante el ojo del cinéfilo, provocando repulsión, pero al mismo tiempo, culposas ganas de seguir observando, a pesar de sus retorcidas escenas, por la sensación de asco.
En ese sentido, La sustancia, es la propuesta más sangrienta vista en lo que va del año, ganó el premio al Mejor Guion en el Festival de Cine de Cannes y está en carteleras locales.