Carmen M. Guevara C. -Periodista/Foto tomada de flickr

En la ciudad de Penonomé, Coclé, el teatro Aro abrió las puertas en 1948. Durante la inauguración fue proyectada una película de Mario Moreno Cantinflas, propiedad de Don Carlos Arosemena, empresario y dinámico propulsor del progreso penonomeño. Arosemena nació en Colón el 3 de mayo de 1920.
El cine Aro, durante más de 40 años, fue la primera sala cultural de Penonomé y comunidades vecinas, ubicado en la avenida Juan Demóstenes Arosemena. Así lo publica la web https://www.werelate.org/wiki/.
Destaca también que don Carlos fue el creador, junto a su tío, Don Gustavo Arosemena, quien lo apoyó como accionista y alentador de la obra. Así emprenden la construcción de un edificio moderno, diseñado para sala de cine o proyección de películas y otros eventos culturales, tales como graduaciones, reinados, eventos políticos y de contenido social.
Una información de la decana del periodismo, La Estrella de Panamá, publicada el 29 de agosto de 1955, da testimonio de las actividades que se realizaban en esta sala, en Penonomé. La bella y espiritual señorita Mery Rosas Quirós, de Penonomé: «Princesa Zaratí, fue electa Reina del Centenario de Coclé, el sábado, en el Teatro Aro de la ciudad de Penonomé.
El Teatro era amplio y cómodo, considerado el mejor de su tipo en provincias centrales. Proyectaba películas mexicanas; los cinéfilos relatan que las butacas eran de madera.
La maestra Edelmira Valdés da testimonio en un artículo titulado “Retazos de historias penonomeñas: historia oral para recopilar los recuerdos del Penonomé de hace 75 años”, proyectaba 2 películas por el precio de 0.10 centésimos y los domingos la entrada costaba 0.35 centésimos. El helado manual valía un real el cono y la soda Coca Cola también.
Su propietario, además impulsaba el deporte penonomeño al patrocinar durante años equipos de baloncesto, béisbol y otros. Frente a su establecimiento comercial, animaba las fiestas patrias y otras efemérides, competencias de atletismo, juegos bufos y carreras de bicicletas que llenaban de extraordinaria alegría a la chiquillada y juventud de la ciudad de Penonomé. Repartía, al momento, refrescos, golosinas y entradas al cine a los eufóricos e infantiles protagonistas de tales eventos y a otros que se colaban hábilmente entre ellos.