Mgtr. Gilberto Solís González/ Especialista en Derecho Internacional
Miembro de la Asociación Americana
El Canal de Panamá por su propia existencia y localización es objetivo estratégico para el comercio mundial e intereses geopolíticos en constante dinámica y evolución.
El traspaso definitivo del canal interoceánico y las áreas revertidas de la antigua Zona del Canal de parte de Estados Unidos a Panamá significó la consolidación de la soberanía después de un largo proceso de descolonización con métodos políticos, sociales y jurídicos que desembocaron en la firma de los Tratados Torrijos-Carter el 7 de septiembre de 1977 junto al complementario pero peligroso Tratado de Neutralidad Permanente.
Las declaraciones del Presidente Donald Trump asegurando que retomará el control del Canal de Panamá, carecen de sustento jurídico, toda vez que el Canal de Panamá es propiedad inalienable de la República de Panamá y cualquier medida impuesta desde los Estados Unidos significaría una medida extraterritorial y violatoria de los principios de soberanía y libre determinación consagrados en la Carta de las Naciones Unidas, por lo tanto, sería un ataque a la paz y estabilidad mundial.
En las condiciones actuales, nos debatimos entre el unilateralismo y el multilateralismo, en un contexto global, que nos debe conducir a un enfoque constructivo, basado en el diálogo, de forma justa y equitativa, con objetividad y respeto a la soberanía nacional e integridad territorial.
Es urgente revitalizar la Comunidad de Estados Latinoamericanos y caribeños (CELAC) como un mecanismo de concertación e integración regional, adaptándolo a la nueva coyuntura internacional que permita una actuación unida y solidaria de los países frente a los enormes desafíos que se presentan, identificando los temas de interés común en los planos político y económico, en los cuales se debe propiciar la concertación de posiciones.
La actual coyuntura internacional caracterizada por las irracionales pretensiones de dominio neocolonial, con la complicidad de sus aliados, demuestra la necesidad de estar cada vez más cohesionados en la defensa de los principios y propósitos del Derecho Internacional y la Carta de las Naciones Unidas.
Es la unidad y la solidaridad en defensa de nuestros objetivos e intereses comunes, la única alternativa ante los enormes peligros y desafíos que tenemos por delante. No ha sido nunca la resignada sumisión ni el derrotismo ante las dificultades lo que nos ha caracterizado como país.
La administración de la vía interoceánica ha sido efectiva en términos generales y lo seguirá siendo si esta amenaza se convierte en la oportunidad de perfeccionar el Estado y los ingresos que genera el Canal de Panamá en el desarrollo del país y sus ciudadanos.