Rediseño curricular

Vie, 25/04/2025 - 19:44
Autor:

Alina Torrero /Antropóloga social

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Fotografía tomada del video (animación) del Proyecto de Renovación de la Facinet. 

Quizá sea impensable imaginar cómo era el campus universitario Octavio Méndez Pereira, construido en 1950, e inaugurado con la Biblioteca, las facultades de Humanidades, Ingeniería y Arquitectura y el Laboratorio de Ciencias. Para entonces con una matrícula de mil 968 estudiantes y 19,510m2 construidos.

El paso del tiempo da cuenta de múltiples transformaciones en la infraestructura, la organización y el surgimiento de facultades e institutos que alberga hoy; así como en el incremento y diversificación de sus estudiantes.

En particular, la Facultad de Ciencias Naturales, Exactas y Tecnología, Facinet, adelanta un ambicioso proyecto de renovación, icónico en su historia, por cuanto abarca la actualización del diseño curricular, rehabilitación de las infraestructuras y acondicionamiento de laboratorios, y dotación de equipos de alta tecnología. Quizás podríamos evocar el sentir de aquellas jornadas fundacionales de la facultad con el proceso de renovación actual.

Frecuentemente nos ha sido advertido: la lectura de la historia resulta productiva cuando se la emprende desde las exigencias del presente. Por lo que, de la mano del pasado, decidí adentrarme en el presente de la Facinet, convocando a un diálogo al doctor Ignacio Idoyaga, consultor internacional para el desarrollo curricular, reconocido por sus innovadoras propuestas en metodologías de la enseñanza y desarrollo de la investigación.

Este catedrático ha acompañado al Programa de Renovación en el componente académico con una dirección que prioriza la escucha, la consulta y el acercamiento a todos los sectores de la comunidad educativa, aliados externos y empleadores.

Dos años previos de investigaciones, convocatorias, integración de comisiones curriculares por escuela han sentado las bases del espíritu reflexivo, inteligente y propositivo con el que se trabajan los nuevos diseños, y hacen de la palabra del doctor Idoyaga un testimonio válido para interpretar la historia del proyecto de renovación.

Destacando connotada tradición en la enseñanza de las ciencias exactas, que ha permeado la historia de la Facinet, me bastó leer cómo se conformó la institución y el trayecto recorrido hasta hoy, para entender la riqueza de propuestas impulsadas por el papel relevante concedido al desarrollo de las ciencias, el interés de las autoridades al más alto nivel, y un personal docente de formación sólida.

De igual manera, pude percibir que su transcurrir viene acompañado de una tensión entre el supuesto de que las cosas deben mantenerse igual frente al espíritu mismo de las ciencias, de búsqueda constante, nuevas interrogantes, experimentación y constatación.

Para Idoyaga, la Facinet generó una tribu académica con ciertos valores, con ciertos prejuicios, con ciertas potencialidades, con ciertas limitaciones, como se generan tribus académicas en cualquier institución universitaria del mundo.

El proyecto de renovación coloca sobre la mesa el funcionamiento de esta tribu, las prácticas educativas, la formación y las prácticas son de la facultad.

Se trata entonces de una conversación sostenida por mutuo consentimiento sobre aquello que ha signado la preocupación fundamental de la facultad, -la formación en ciencias naturales, exactas y tecnología que el país necesita-, aunque desde nuevas perspectivas que acompañan a los viejos problemas.

Me parece menester dejar en este intercambio de ideas y construcción las evidencias de un legado, unas veces con picos más altos que otros, que ha generado nuevas carreras, especializaciones, maestrías, centros de investigación, convenios de carácter internacional y reglamentaciones normativas novedosas para mejorar su funcionamiento.

Así mismo, respecto a la discusión actual sobre la enseñanza de las ciencias se apuesta por un giro en la formación de las ciencias que impacte no solo al estudiantado de la facultad sino también al de la educación media. En otras palabras, impulsar un nuevo vértice en su quehacer al asumir la responsabilidad y compromiso con los resultados educativos en la Facinet.

Estoy convencida de que la propia vida de quien escucha o lee es desafiada por aquello que ha sido dicho. De estos intentos, con sus momentos de incomprensión y de tenacidad, está tejido el tiempo compartido de Ignacio Idoyaga con el personal docente, autoridades de la facultad y la Universidad de Panamá.

“La transformación la entiendo como un proceso, /hay que/ mirarla con una perspectiva histórica.

Estamos en un proceso de diseño, creativo, de diagnóstico de necesidades, que tiene que terminar con perfiles un poco más claros para todas y cada una de sus carreras.

Y con perfiles más claros se van a poder construir currículos, pénsums de manera más potente, teniendo en claro cuál es el perfil de egreso, qué es lo que ese profesional tiene que poder hacer; qué es lo que ese profesional tiene que saber; y cómo ese profesional tiene que ser en términos competenciales”.

Si bien coincidiríamos en ello, también, por las experiencias compartidas con la comunidad educativa, sabríamos que se requerían otros apoyos que le dieran soporte a las transformaciones en marcha. En palabras del doctor Idoyaga:

“…hay que poner mucha atención en la etapa de desarrollo curricular qué son acciones; esto es muy importante, no pueden ser acciones disgregadas o buenas voluntades de tal o cual profesor, de tal grupo de profesores.

Tienen que ser políticas de desarrollo curricular que permitan que ese currículo, que ahora se diseñó con tanto esfuerzo, y no solo con tanto esfuerzo, sino también con tanta inteligencia, investigación, educación comparada, diagnóstico de necesidades, con tanta escucha,lo desarrollen”.

Conversando con nuestro entrevistado, precisamos elementos que generan tensión en el desarrollo de este proceso de renovación educativa. Por un lado, perfiles que respondan a inserciones profesionales lo suficientemente diferenciados para cada carrera y, por otro, políticas de desarrollo curricular.

Idoyaga profundiza la idea señalando que esto es un verdadero desafío. Por ejemplo, la facultad con carreras complejas, ámbitos de desarrollo profesional más que de inserción laboral, bien diversos, y donde el devenir histórico ha sido lo determinante en las políticas de contratación de quienes emplean a estos profesionales.

Los empleadores aluden “no tengo el profesional que se pueda desempeñar en esto”. Por supuesto, responde el especialista, porque no se han formado en esas habilidades y, si bien es cierto, que pueden complementar su formación desde el postgrado o desde otras opciones académicas para ejercer mejor esa tarea, es un proceso dilatado en el tiempo.

Además, consideremos los contextos culturales y socioeconómicos de las y los estudiantes, su necesidad de trabajar tempranamente, la necesidad de los profesores de realizar su vida académica de alguna manera, que pesan significativamente en la vida institucional.

La relación con el conocimiento y la reflexión sobre la realidad social necesitan conceptos muy distintos a los tradicionales y mucho más interrelacionados. No es posible obviar que hay un cambio cultural importante que coloca y que desafía la forma de entender y enseñar las ciencias.

Se precisa otra didáctica que mute la matriz ilustrada por una matriz tecnológica, no en su expresión técnica sino científica, que incluye en la enseñanza tanto la producción del conocimiento como un objetivo para otorgar sentido a todo el proceso. Una matriz tecnológica que articule proceso, producto y objetivo. Una nueva matriz que desaloje para siempre la escisión entre teoría y práctica, entre conocimiento práctico y abstracción erudita.

La renovación de la Facinet resulta maravillosa en el papel. Será maravillosa cuando se ponga en práctica. Y retomo las palabras finales de Idoyaga:

“Todos estos procesos reflexivos, de la mano de la formación, de la mano del currículo, de la mano de pensarnos como institución, lo único que pueden hacer es mejorar las prácticas en alguna medida.

No sé si se alcanzará el 100% de lo que el proyecto pretende, que es una transformación profunda, o si estaremos a mitad del camino; pero la mitad del camino es un éxito que, sin duda, hay que celebrar”.

El Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), es el mayor financiador del proyecto de renovación de la Facinet a través de un préstamo al Gobierno de Panamá.