Gregorio De Gracia/gregorio.degracia@.up.ac.pa

Una encuesta emprendida por la Universidad Panamá demostró que si a las mujeres privadas de libertad se les brindan las herramientas adecuadas, están dispuestas a transformar su realidad.
La indagación, titulada “Transformando vidas: la promoción de la autonomía y sustentabilidad a través de actividades artesanales y culturales en el distrito de Panamá”, se llevó adelante en el Centro Femenino de Rehabilitación (CEFERE), Cecilia Orillac de Chiari, ubicado en el distrito de Panamá.
La encuesta fue conducida por un grupo de profesoras de la Facultad de Administración de Empresas y Contabilidad (Faeco). Se trata de las investigadoras Rosa I. Patterson, Adriana I. Murillo y Verónica E. Tejedor, del Centro de Investigación Empresarial (CIEM), de la Faeco.
Patterson explica al Semanario La Universidad que se encuestaron a 26 mujeres, de las cuales el 48% está entre 38 y 47 años. El 56 % tiene 3 o más hijos.
El 36% lleva más de 3 años en reclusión. Educativamente, el 32% completó sus estudios secundarios y el 28% tiene secundaria incompleta.
El perfil aludido refleja a mujeres con una madurez vital significativa. Muchas de ellas son madres con múltiples responsabilidades familiares, y con niveles educativos que evidencian una base sobre la cual es posible construir procesos formativos.
La investigadora señala que estas condiciones las posicionan como candidatas idóneas para beneficiarse de programas de capacitación y emprendimiento que promueven su empodera-miento, sostenibilidad y reinserción positiva en la sociedad.
El 72% ha participado en actividades artesanales y el 56% en actividades culturales.
Más del 80% de las encuestadas están de acuerdo con estas actividades.
La lectura de la profesora Verónica Tejedor es que la encuesta revela una clara disposición de estas internas en superarse a través de actividades artesanales y culturales que fortalezcan su autonomía, autoestima y posibilidades de reinserción social.
Asegura que, no obstante, la participación en estos programas es limitada. Los resultados denotan que debe hacerse un llamado urgente al Estado, a la empresa privada y a la sociedad civil para convertir el talento y la voluntad de estas damas en una verdadera oportunidad de cambio.
Comenta que la rehabilitación de las privadas de libertad no puede seguir reducida al discurso. Es momento de llevar a la acción propuestas que humanicen el sistema penitenciario y lo conviertan en un espacio de oportunidades reales.
Las reclusas, además de ser madres, hijas y ciudadanas, también son portadoras de talento que hoy están subutilizados.
Actividades como la pintura, confección de artesanías, tembleques y bordados, entre otras, podrían encontrar un medio de sustento y un camino hacia la dignidad, el perdón y la esperanza.
Tejedor recomendó crear espacios permanentes de capacitación en artesanías y cultura dentro del CEFERE, hacer alianzas estratégicas con ONGs, empresas y universidades para ofrecer talleres.
De igual forma, crear mercados y ventas externas de los productos elaborados por las reclusas, generando ingresos para ellas.
Además, incorporar el emprendimiento social en las policías penitenciarias, con enfoque de género e inclusión y darle seguimiento postpenitenciario que les permitan continuar con sus proyectos.

La profesora Adriana Murillo expresa que las privadas de libertad señalan que las actividades mejoran su bienestar emocional, les permiten aprender habilidades para su futuro, les brindan un propósito y preparación para la reinserción y les ayudan a construir relaciones positivas con otras personas.
De acuerdo con la docente de la Faeco las actividades artesanales y culturales, además de tener un impacto positivo en la salud mental y autoestima de las privadas de libertad, representa una vía efectiva hacia la autonomía económica y la prevención de la reincidencia. Por ende, el sistema penitenciario debe dejar de ser un simple espacio de contención para convertirse en uno de formación, productividad y justicia restauradora.
Muchas de las mujeres continúan siendo insensibilizadas, no por sus delitos, sino por el desinterés de una sociedad que ignora su potencial.
La encuesta también permitió saber que el 92% de las mujeres consultadas desea formación adicional, mientras que el 96% demostró tener interés en vender sus productos artesanales para generar ingresos.