Carmen Guevara C.

El primer movimiento de independencia de Panamá de España ocurrió en la Villa de Los Santos, el 10 de noviembre de 1821. Fue un desplazamiento popular en contra del gobierno colonial español que desencadenó en una serie de Gritos de Independencia en varias ciudades del país.
Manuel Sacramento Moreno Arosemena, historiador y escritor, de la provincia de Los Santos, relata los hechos que surgían en el territorio panameño desde 1819, entre ellos, la crisis económica, ya que, el comercio era casi nulo entre los pueblos suramericanos y las colonias inglesas del Caribe. Estas y otras circunstancias originaron la separación istmeña del yugo español.
Menciona que para aquellos días surgió la figura de Francisco Gómez Miró, escribano público del cabildo de Natá, quien hizo circular una proclama. En ella, solicitaba a los pueblos del interior a ser conscientes de que había llegado la hora de lograr la independencia, y que si todos daban su apoyo era posible lograrla.
Los abusos del gobierno español y la ventaja de vivir bajo un sistema republicano figuran como algunas de las causas.
La web binal.ac.pa/independencia-panama-espana relata que se avecinaba un instante supremo en la vida del Istmo de Panamá: España sucumbía ante las derrotas en el sur y se deshacía el imperio. Además, la actividad económica se vio disminuida, lo cual obligó a los líderes criollos a tomar una decisión.
Los países de Sur y Centro América clamaban por días felices fuera de la órbita de los Borbones de España. La batalla de Boyacá, librada por los ejércitos mancomunados de Venezuela y la Nueva Granada, despertó, bajo el mando del Libertador Simón Bolívar, los anhelos libertarios con más fuerza y persuasión.

El 28 de noviembre de 1821, luego de varias deserciones de soldados reales, se proclamó un cabildo abierto en el que se declaró el Istmo libre e independiente de la corona española.
Frente al Gobierno de Castilla del Oro o Tierra Firme, se designó al coronel José de Fábrega; panameño de nacimiento. Consumado el movimiento separatista, continuó como jefe supremo del Istmo.
Simón Bolívar envió su célebre carta al coronel José de Fábrega, felicitándolo y exhortándole a seguir adelante. Inmediatamente, los panameños se unieron voluntariamente al sueño bolivariano, llamado La Gran Colombia.
El historiador Alfredo Castillero Calvo consigna en su obra: “La Independencia de Panamá de España y su época”, que el proceso de independencia se extendió desde 1808 hasta 1821, y añade que fue complejísimo.
Castillero agrega que la independencia de las colonias en América, iniciaron con la descomposición del Imperio Español a partir de 1808, tras la invasión de las tropas francesas de Napoleón.

El Cabildo Abierto fue convocado el 28 de noviembre, y en acto solemne, en presencia de las autoridades militares, civiles y eclesiásticas, se declararon rotos los vínculos que ataban al Istmo de Panamá con España.
Entre los personajes ilustres se encontraban José Higinio Durán y Martell, obispo de Panamá; doctor Carlos de Icaza, Mariano Arosemena, Juan de Herrera, Narciso de Urriola, José de Alba, Gregorio Gómez, Manuel María Ayala, Antonio Planas, Juan Pío Victorias, Antonio Bermejo, Gaspar Arosemena y Casimiro del Bal.
Desfiguración de la identidad nacional

La lectura que sobre la identidad nacional hace el profesor Rommel Escarreola, historiador del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad de Panamá )IIHUP), yace sobre lo que denomina tejido simbólico, construido a partir de la historia, la cultura, las tradiciones y los valores que un pueblo reconoce como propios.
Alude a que en tiempos de globalización intensa y de creciente influencia geopolítica, esta identidad puede verse erosionada por múltiples factores que afectan la manera como los ciudadanos perciben y valoran lo nacional.
Considera que diversos fenómenos sociales, culturales y políticos, contribuyen a la desfiguración del genuino fervor patriótico, generando tensiones entre lo autóctono y lo foráneo.
El historiador menciona que uno de los aspectos más visibles de esta desfiguración es la sustitución de costumbres nacionales por prácticas extranjeras. Sostiene que esta tendencia no es simplemente una manifestación de apertura cultural, también revela un proceso de desvalorización de lo propio: “en la medida en que lo extranjero se percibe como superior, lo nacional se vuelve secundario o prescindible”.
En referencia a la gastronomía, Rommel Escarreola recuerda que es un ejemplo revelador de la creciente inclinación hacia cadenas internacionales o estilos culinarios importados, que desplazan platos tradicionales que forman parte esencial de la memoria colectiva.
Un aspecto de interés en la mirada del académico es que lo mismo ocurre con los géneros musicales, donde ritmos globales dominan el mercado, relegando expresiones como el tamborito, la mejorana o la música típica.
La interpretación del académico apunta a que esta pérdida de centralidad cultural contribuye a un patriotismo superficial, limitado a símbolos puntuales, pero desconectado del sentir profundo de pertenencia.
Otro aspecto de interés en la mirada del historiador son las intervenciones de otras naciones en la política exterior del país, que pueden generar dependencia, subordinación y un debilitamiento del sentido de soberanía. Cuando un Estado permite que actores externos influyan en sus decisiones estratégicas, los ciudadanos perciben una disminución del control sobre su propio destino colectivo.
En el caso de Panamá, su historia está marcada por presiones y negociaciones internacionales, este factor tiene un peso particular: “afecta la construcción de un imaginario nacional autónomo y fortalece la idea de que la voluntad externa prevalece sobre los intereses del país”.
Para Escarreola, un punto especialmente sensible, es el entrenamiento de soldados estadounidenses en territorio panameño, -una práctica que resuena con ecos históricos de intervención y presencia militar extranjera-.
Insiste en que, para parte de la población, la aceptación de estas actividades militares revela una falta de firmeza en la defensa de la soberanía, lo cual se traduce en un sentimiento de ausencia de patriotismo o de identidad nacional debilitada.