Carlos Caballero /Texto y fotos
Panamá cuenta con una unidad de atención en zonas urbanas.
Luego de los sismos de 7.2 y 7.5 registrados en Venezuela en junio de 2026, especialistas de la Universidad de Panamá accedieron a ofrecer un análisis de lo ocurrido y revisar qué condiciones presenta el país ante una eventualidad sísmica de trascendencia.
Doblete sísmico es la designación que la ciencia le da al fenómeno ocurrido en tierra suramericana, según explica al Semanario La Universidad el director del IGC, Néstor Luque.
La nominación se debe a que la distancia entre ambos movimientos fue mínima; la profundidad fue similar y la separación de tiempo, duró 39 segundos entre los eventos.
Aclara que las ciudades de Caracas y la Guaira, por estar situadas cerca de zonas costeras, fueron edificadas sobre suelos blandos, compuestos por arena y grandes capas de sedimento. Y, que los sismos de 4 grados en adelante son de riesgos y afectan las estructuras.
Luque sostiene que en el área donde se produjeron los terremotos se encuentran las fallas de Ancón, Oca y El Pilar; hacia el suroeste se encuentra la falla Boconó. Esta última es una de las más importantes, cuya extensión territorial es de unos 500 kilómetros. Todas están ubicadas en tierra, pero cerca de la costa, agrega.
Sobre la posibilidad de que se registren eventos sísmicos fuertes en Panamá, señala que el país cuenta con una unidad de atención a desastres en zonas urbanas preparada para reaccionar con brevedad ante el colapso de estructuras.
En relación con lo referente a las placas, el jefe de la Red Sísmica del IGC, Arkin Tapia, manifiesta que en Venezuela se encuentran las placas Caribe al norte y la Sudamericana. Y, los límites de dichas fallas pasan por la zona costera en la cual se registraron los terremotos. Revela que dicha falla tiende a romperse con una periodicidad de 60 años y el último terremoto grande en esta zona se registró en 1967.
Tapia señala que los dobletes sísmicos no son frecuentes, pero se tienen registros similares en Marruecos, Turquía, Filipinas y Yakarta.
Sobre el terreno y las edificaciones aclara que los efectos causados por el primer sismo de 7.2 removió las bases. Mientras que el segundo de 7.5 terminó de destruir lo que el primero dejó sentido.
Destaca que las erosiones que se registran alrededor de las montañas de Caracas han depositado grandes cantidades de sedimentos en terrenos llanos, y que sobre esa capa de sedimento, que también contiene arena, construyeron los edificios.
Eric Chichaco, ingeniero geólogo del IGC, indica que en un terreno duro las ondas sísmicas pasan más rápido y reporta menores daños en las infraestructuras. Pero, al ser blando el terreno las ondas se amplifican, su paso es más lento y los daños a las infraestructuras son más severos.
Explica que un terremoto produce 4 tipos de ondas diferentes. Las 2 primeras tienen el comportamiento como un acordeón, es decir comprimen y dilatan los suelos. Estas 2 combinadas causan daños considerables. Mientras que las terceras conocidas como ondas Love son superficiales y el cuarto tipo son las ondas de Rayleigh que viajan a lo largo de la superficie sin causar daño.
Luis Núñez, ingeniero civil con maestría en estructuras y profesor de la Facultad de Ingeniería, expresa que para absorber las ondas sísmicas o fuerzas horizontales, previo a la construcción, es necesario tomar en cuenta el material a utilizar.
En las décadas de los 70 y 80 los edificios se levantaban considerando solo la resistencia, es posible que en Venezuela sucediera lo mismo y no tomaron en cuenta los sismos. Es decir, los edificios soportan las cargas que se les imponen, sin embargo, no hay métodos para conocer cómo reaccionarán.
Núñez esgrime que después del 2000 a nivel mundial se desarrollaron enormes cambios en la forma de construir los edificios.
En Venezuela los edificios podrían estar comprometidos al no apegarse a los cambios que entre otros tienen que ver con la calidad del suelo, la resistencia de las infraestructuras y la sismicidad del lugar.
En Panamá, se aprobó el Reglamento Estructural Panameño 2021 (REP 2021) que expresa en sus páginas que las construcciones deben tener en cuenta que ante un evento que comprometa la infraestructura la vida de las personas no se vea comprometida.
Irving Isaza, ingeniero civil con maestría en estructura y profesor en la Facultad de Ingeniería, explica que los edificios construidos en Venezuela fueron golpeados por las ondas de sismos anteriores, dichas fuerzas dejaron comprometidas las estructuras.
Admite que en Panamá se han registrado sismos importantes por lo cual es necesario revisar las estructuras y conocer si presentan alguna imprecisión.
Los hospitales, las potabilizadoras, los centros policiales, las cárceles, bomberos, puentes y carreteras se deben revisar y evaluar para conocer el nivel de resistencia que tendrán ante un movimiento telúrico importante.