Lic. Omar A. Joseph/ Relacionista Público

Para nuestras mentes hoy, hablar de un tren es casi un salto en el tiempo, algo así como si del viejo oeste se tratase. Para contextualizar, imaginemos el chirrido del metal contra el metal que resonaba, el chuchucheo, y la bocina de vapor al andar del tren” en una desolada estación. En este caso en Uitenhage, Sudáfrica, bajo el denso manto de incredulidad por los años 1880.
“Veamos el increíble Caso de Jack: El Babuino Chacma que hizo historia en los ferrocarriles sudafricanos”
La relación entre los seres humanos y los animales ha estado guiada históricamente por la domesticación, el compañerismo y el apoyo en tareas físicas. Sin embargo, a finales del siglo XIX, la línea ferroviaria de Ciudad del Cabo a Port Elizabeth en Sudáfrica, se convirtió en el escenario de uno de los experimentos de cooperación interespecie más asombrosos del que se tenga registro.
Como reposan en: Crónicas de Conservación en Sudáfrica. El archivo histórico y el análisis conductual sobre este primate está respaldado públicamente por la fundación sudafricana en Baboon Matters Trust.
La historia comenzó cuando James Edwin Wide, un dinámico empleado ferroviario conocido por el apodo de «Jumper», debido a su destreza para saltar entre los vagones en movimiento, sufrió un trágico accidente en la estación de Uitenhage. Wide cayó bajo las pesadas ruedas metálicas de un tren, un incidente devastador que resultó en la amputación de ambas piernas por debajo de la rodilla.

“Un babuino chacma (Papio ursinus) llamado Jack no solo se convirtió en el apoyo cotidiano de un operador con discapacidad, sino que desempeño funciones oficiales como guardagujas, demostrando capacidades cognitivas que desafiaron los paradigmas de su época".
Esta curiosidad no es por el “jumper” -el saltador- como le apodaron a James, por saltar entre vagones mientras el ferrocarril estaba en marcha. La curiosidad es por “Jack” el babuino, un mono. Fuerte, de hocico parecido al de un perro, que prefiere estar en el suelo; de garras y colmillos muy afilados. Se desplaza como los gorilas, y no tiene cola larga. El espectacular animal es nuestra curiosidad del mundo.
Determinado James “jumper” a conservar su empleo en el sector ferroviario, fabricó de manera artesanal un par de piernas ortopédicas de madera y construyó un pequeño trole manual para desplazarse por las vías. A pesar de su enorme resiliencia, las exigencias operativas diarias sobrepasaban su limitada capacidad física.

La solución a sus dificultades operativas apareció de forma imprevista en un mercado local en 1881. De acuerdo con el recuento histórico detallado por el Mental Floss (Reilly, L., «Signalman Jack: The Baboon Who Worked for the Railroad—and Never Made a Mistake», 2018), (Reilly, L., «Signalman Jack: el babuino que trabajó para el ferrocarril y nunca cometió un error).

El Jumper presenció a un joven babuino chacma que guiaba con precisión un carro tirado por bueyes. Profundamente impresionado por las notables habilidades del primate y su dócil temperamento, James persuadió al dueño original para que se lo vendiera. Así fue como Jack se integró a la vida del guardagujas, transformándose rápidamente de una simple mascota a un asistente indispensable para las labores diarias.
Como si de una película se tratara, James fue entrenando al primate con su agudeza mental, fue paulatinamente aprendiendo, hasta captó el código del silbato.
Sin dudar, sus largos y peludos dedos rodeaban la pesada palanca de hierro.
El crujido del acero resonaba en la cabina mientras el simio ejercía la fuerza exacta para desviar los rieles. Segundos después, las toneladas de metal de la locomotora pasaban rugiendo frente a la ventana de la estación, perfectamente encauzadas hacia su destino.
Con el pasar del tiempo, la paz duraría poco. El pánico se desataría cuando un aristocrático pasajero observaba por la ventana del vagón que el encargado de guiar su destino no era un ser humano, sino una criatura salvaje.
La denuncia formal no se hizo esperar, provocando una severa investigación oficial que amenazaba con destruir la vida de ambos. Los inspectores de la compañía ferroviaria llegaron con escepticismo y frialdad, dispuestos a despedir a James y enjaular al animal.
Para comprobar su valía, sometieron al babuino a una prueba extrema: ingenieros ferroviarios ocultos cambiaron los patrones de los silbatos de forma aleatoria y veloz.
El ambiente en la estación era sofocante; un solo error sellaría su destino. Sin embargo, Jack demostró una genialidad matemática. Cambió cada palanca con una precisión quirúrgica, entregando además las llaves correctas a los conductores simulados.
El veredicto de la empresa no solo rozó el asombro, sino que pasó a la posteridad: Jack fue contratado formalmente, recibiendo un número de empleado, un salario oficial de 20 centavos diarios y su famosa ración semanal de media botella de cerveza, durante 9 años de ininterrumpido y dramático servicio.
Conservación del Patrimonio Histórico:
La evidencia física de la existencia de Jack, incluyendo su cráneo, se encuentra preservada en el Albany Museum en Makhanda (Grahamstown), Sudáfrica. (1881-1890).
En una hazaña real y documentada, el babuino jamás cometió un solo error. Su impecable servicio terminó únicamente cuando una implacable tuberculosis apagó su vida en 1890, dejando su cráneo bajo custodia científica como mudo testigo de una inteligencia sin igual.
Referencias para verificar su veracidad
Registro de Enciclopedia Global.
Reportaje de Divulgación Histórica.
Conservación del Patrimonio Histórico.
Crónicas de Conservación en Sudáfrica.
Imágenes tomadas de google.com