23 de abril/Dia del idioma Español

Jue, 23/04/2020 - 20:52
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Autor:

Redacción web

Capítulo XLIII

Consejos segundos que dio don Quijote a Sancho Panza

 

Resumen

Dentro de los consejos que Don Quijote dio a Sancho Panza incluyó los que van dirigidos al cuerpo. Don Quijote pone empeño en que las glotonerías de Sancho no lo hagan pasar malos momentos.

Comentarios

Don Quijote quiere dar muestra de sus dotes de buen comportamiento dando por escrito un grupo de “consejos para el cuerpo” para su escudero.

Prosiguió, pues don Quijote, y dijo:

_En lo que toca a cómo debes gobernar tu persona y casa, lo primero que te encargo es que seas limpio y que te cortes las uñas.

No andes desceñido y flojo; que el vestido descompuesto da indicios de ánimo desorganizado.

Si tuvieras que dar libre a tus criados, dáselas honesta y provechosa, más que vistosa y cara, y repártela entre ellos y los pobres. Quiero decir que si has de vestir seis pajes, viste tres y otros tres pobres y así tendrás pajes para el cielo y para el suelo.

No comas ajos ni cebollas, para que no saquen por el olor tu condición de villano.

Come poco y cena más poco: que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago.

Sé templado en el beber, considerado, que demasiado vino ni guardas secreto ni cumples palabra.

Ten en cuenta, Sancho, de no mascar a dos carrillos ni de eructar delante de nadie.

_Eso de eructar no entiendo - dijo Sancho.

_Eructar, Sancho, quiere decir regoldar, y este es uno de los torpes vocablos que tiene la lengua castellana, aunque es muy significativo.

_En verdad, señor -dijo Sancho _, que uno de los consejos que pienso llevar en la memoria ha de ser no eructar, porque lo suelo hacer con frecuencia.

_También, Sancho, no has de mezclar en las pláticas los refranes que sueles decir: que puesto que los refranes son sentencias breves, muchas veces los traes tan por los cabellos, que más parecen disparates que sentencias.

  1. solo Dios lo puede remediar –respondió Sancho -: porque sé más refranes que un libro, y se me vienen tantos a la hora cuando hablo, que riñen por salir.

Don Quijotes continuó sus consejos:

_Cuando subieres a caballo, no vayas echado el cuerpo sobre el arzón de atrás, ni lleves las piernas tiesas y desviadas de la barriga del caballo, ni tampoco vayas tan flojo que parezca que vas sobre el asno, que el ir a caballo a unos hace caballeros; a caballerizos.

Sea moderado tu sueño, que el que no madruga con el sol no goza del día; y advierte, Sancho, que la diligencia es madre de la buena suerte, y la pereza, su contraria.

_Y este último consejo que ahora quiero darte es que jamás discutas de linajes, a lo menos comparándolos entre sí, pues del que abatieres serás aborrecido, y del que levantares, en modo alguno premiado.

Por ahora esto se me ha ocurrido, Sancho, para aconsejarte. Andará el tiempo, y según las ocasiones serán mis consejos.

Señor – respondió Sancho -, bien veo que todas las cosas que vuesa merced me ha dicho son cosas buenas, santas y provechosas, pero ¿de qué me han de servir, si de ninguna me acuerdo? Así será necesario que se me den por escrito, que aunque no sé leer ni escribir, yo se los daré a mi confesor para que me los encaje cuando sea necesario.

_Ah, pecador de mí! –Respondió don Quijote -; Qué mal me parece en los Gobernadores que no sepan leer ni escribir! Es una falta grave y quisiera que por lo menos aprendieras a firmar.

-Bien sé firmar mi nombre –respondió Sancho –. Cuanto más fingiré que tengo tullida la mano derecha y haré que firme otro por mí, que para todo hay remedio si no es para la muerte. Y teniendo yo el mando y el palo, haré lo que quiere.

-¡Que Dios te guíe en tu gobierno, Sancho! – dijo don Quijote -, Y dejemos esto aquí, Sancho, que si gobernares mal, tuya será la culpa y mía la vergüenza.

-Señor –replicó Sancho-, si a vuesa merced le parece no soy capaz para este gobierno, desde aquí lo suelto, que tanto da que me sustente con pan cebolla que con perdices y capones de Gobernador. Que mientras se duerme, todos son iguales; los grandes y los menores, los pobres y los ricos. Y si se imagina que por ser Gobernador me ha de llevar el diablo, más quiere ir Sancho al cielo que Gobernador al infierno.

_ ¡Por Dios, Sancho! –dijo don Quijote_, que por solas estas últimas razones juzgo que mereces ser Gobernador de mil islas. Y vámonos a comer, que creo que ya estos señores nos aguardan.

Este resumen es un extracto de la edición escolar de la Colección Biblioteca Susaeta “Don Quijote de la Mancha”, de Miguel de Cervantes Saavedra.