Narrativas de identidad cultural y la nación panameña

Mié, 29/06/2022 - 16:06
Autor:

Vilma Chiriboga /Subdirectora del Instituto de Investigaciones Históricas

 

En Latinoamérica, los discursos sobre la cultura nacional estuvieron centrados en la visión de la “élite simbólica” quienes asumieron la tarea de la construcción de identidades y lo hicieron por medio de la apropiación del discurso y la escritura en torno a la nación, el progreso y la modernidad. A través de la escritura y los discursos, la “élite simbólica” o letrada, impulsó una “lógica cultural euroamericana” mediante el cual mantuvieron… los valores europeos y la supremacía blanca” (Mary Louise, 2010) en correspondencia con la “monocultura de la escala dominante (europea) con una de sus vertientes que es el universalismo… la creencia que toda idea es válida independientemente del contexto en que ocurre” (Boaventura de Sousa Santos, 2006). En Panamá personajes como Mariano Arosemena y Justo Arosemena, imbuidos del discurso civilizador del siglo XIX, reforzaron el concepto de “blanquear” a la población. En este sentido, Mariano Arosemena, en uno de sus escritos, hacía una clasificación social según grado de color, en tanto Justo Arosemena, anotó que la mezcla del negro, indio y blanco producía una raza indolente y perezosa. Las ideas plasmadas por ambos representan un ejemplo de cómo “a través del orden de los signos, cuya propiedad es organizarse estableciendo leyes, clasificaciones, distribuciones jerárquicas, la ciudad letrada artículo su relación con el poder, al que sirvió mediante leyes, proclamas, propaganda y mediante la ideologización destinada a sustentarlo y justificarlo” (Ángel Rama,1998).

Las narrativas de exclusión presentes en las construcciones discursivas sobre la identidad cultural panameña estuvieron centradas en el antagonismo civilización-barbarie o como diría José Martí (1891) entre la falsa erudición y la naturaleza que en su momento, según Patricia Pizzurno (2010), hizo creer a la élite citadina que era posible llevar a cabo el blanqueamiento de la población istmeña y que encontró en el racismo científico promovido por los Estados Unidos de América, claves importantes para profundizar la discriminación sobre la base de las distinciones culturales de los grupos étnicos que habitaban el istmo entre la segunda mitad del siglo XIX e inicios del XX. En Panamá la exclusión de ciertos grupos fue formalizada a través del Estado convirtiéndose este, en un aparato de control “biopolítico” (Michael Foucault, 1974), en una forma de intervenir en la vida de las poblaciones y de sus habitantes al institucionalizar, por ejemplo, la discriminación a través de la Ley 6 de 11 de marzo de 1904. Esta Ley restringía la entrada al territorio nacional en calidad de inmigrantes a los chinos y otros grupos y “se prefiera a los españoles a otros inmigrantes europeos, porque ningún otro podría asimilarse tan fácilmente a nuestras costumbres… (Estrella de Panamá, 1912). La cita devela una posición conectada con una visión romántica de la nación que creyó posible homogenizar culturalmente a sus habitantes y “eliminó de su imaginario la hibridez, la multiplicidad…y (representó) al “otro” mediante una lógica binaria que reprimía las diferencias” (Santiago Castro Gómez, 2016).