Luis Oldemar Guerra /Periodista
En una sociedad se quiere que todos sus miembros sean hombres de bien y útiles, es importante que se tome en cuenta el derecho a la cultura y a la educación de todos sus agremiados. ¿Cómo es posible que en estos momentos todas las autoridades educativas señalen que quedan suspendidas todas las actividades culturales y deportivas por no haber fondos disponibles? Decimos esto porque una circular, de la Dirección Nacional de Asuntos Estudiantiles del Ministerio de Educación, señala que por contención del gasto público se posponen todas las actividades deportivas y culturales hasta recibir instrucción superior.
Parece mentira que ahora que los estudiantes se encuentran en modo presencial asistiendo a sus centros educativos se les coarte el derecho a realizar actividades que son beneficiosas para ellos, ya que con ellas los niños y jóvenes son capaces de desarrollarse y demostrar que son capaces de desenvolverse en un campo que para ellos era desconocido. Es necesario que se analice lo actuado, ya que los estudiantes de hoy son el futuro del mañana, a ellos se les debe guiar, dar las pautas y ayudarles a que exploten ese potencial que tienen, que muchas veces desconocen y se puede convertir en un diamante.
Nos quejamos cuando en las diferentes pruebas internacionales los estudiantes fracasan, demostrando que la calidad educativa ha desmejorado, pero se ha analizado ¿qué está pasando en el sistema? ¿Somos realmente conscientes de la afectación que acciones como las tomadas pueden provocar? Es hora que se dejen los pantalones cortos y nos pongamos los pantalones largos, el mundo requiere cambios de actitud y que se piense que los avances tecnológicos llegaron para quedarse y, por ende, hay que estar actualizados, hacer un análisis FODA y ver qué mejoras se deben hacer. En el caso de los docentes, quienes protestan por mejoras, también deben ponerse en el lugar de sus estudiantes, porque con acciones de este tipo son los que saldrán más perjudicados. Deben ponerse en el lugar de los padres que están haciendo un sacrificio enorme por enviar a sus hijos a los planteles para que aprendan y tengan una profesión. Ya basta de la “Ley del Embudo: lo ancho para mí y lo angosto para los otros”