45 años, autodeterminación y dependencia

Vie, 09/09/2022 - 15:06
Autor:

Eliecer Urriola /Estudiante de Historia

“Nos sentimos orgullosos de pertenecer a un continente que está aprendiendo a hablar con voz propia y que lo hace con entonación clara y decidida…Estados Unidos vetó el proyecto de resolución en apoyo de la causa panameña, pero el mundo entero vetó a los Estados Unidos”. Los tratados Torrijos-Carter (7 de septiembre de 1977), son uno de los episodios de la historia panameña con un alto porcentaje de empatía, es decir, se manifiestan sentimientos arraigados al fervor patriótico; sobre todo, para quienes en la década de los setenta, pertenecieron a esos acontecimientos. De hecho, podemos encontrar un sector de la población que aún recuerda, el entorno de la República, volviéndose lo bastante inquieta frente a la presencia estadounidense en las áreas colindantes a la zona de tránsito. Cabe destacar, que luego de los sucesos del 9 de enero de 1964, Panamá rompe relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, lo que nos encaminó a la autodeterminación con miras a encontrar una política exterior propia.

Aunado a ello, el establecimiento de un nuevo tratado que cumpla con las exigencias del estado panameño. Las figuras que sobresalen en la reunión del Consejo de Seguridad, celebrado en Panamá el 15 de marzo de 1973, fueron Juan A. Tack y Omar Torrijos. Sentaron las bases para establecer una nueva negociación, afirmándose en los ocho puntos determinados en los acuerdos Tack-Kissinger (7 de febrero de 1974) sirviendo como estructura para formar tres mesas de negociaciones, en el que se adoptarían, defensa del Canal, tierras, aguas y administración del Canal. Se puede encontrar una fuerte oposición de cara a la firma de los tratados, en virtud de ello, el embajador Ellsworth Bunker hace un llamado de atención a todos los miembros del Senado y población en general por generar algunos mitos y realidades. También, aclara que ellos no eran del todo inocentes y que durante casi siete décadas han utilizado a placer la Zona de tránsito para sus propósitos y que ha llegado el momento de darle un trato justo a los panameños. Tomaría décadas entender que la ruta era territorio soberano panameño, costaría vidas panameñas reclamar ese reconocimiento; sin embargo, luego de una negociación ardua se lograría la reversión del territorio y la transferencia del Canal a manos panameñas.

Hoy, el control de esa ruta está en nuestras manos y le hemos aplicado la última tecnología naviera al incluirle un tercer juego de esclusas postPanamax, haciéndola más competitiva, eficiente y segura para el mundo. Panameño, no somos un canal, el “Algunos estadounidenses afirman que somos dueños del Canal; que lo compramos y lo pagamos, como Alaska o Luisiana. Si lo regalamos, dicen, ¿no serán Alaska o Luisiana los siguientes? Otros afirman que tenemos soberanía sobre la Zona del Canal. […] que la pérdida de la soberanía de los Estados Unidos afectaría nuestro control del Canal y nuestra capacidad para defenderlo” ¿Cómo pudo Panamá convencer al país más poderoso del mundo de entregar un bien tan significativo? Estas eran algunas de las interrogantes más comunes de la época. El resultado de estos tratados es la lucha de varias generaciones que dieron su vida para lograr la unificación total de la soberanía panameña, y el reconocimiento de los estados latinoamericanos para con la causa panameña.