Las adversidades de las ciudades terminales

Vie, 16/09/2022 - 16:54
Autor:

Eliecer Urriola/Estudiante de Historia

“Junto a mi ventana pasan los trenes diabólicamente ruidosos, allá abajo corren los ríos celestemente silenciosos”.

El siglo XIX, es un período de muchos cambios, que van desde la tecnología, como lo fue el vapor, hasta la conformación de movimientos burgueses de inicio del siglo. En el caso del Istmo, aún representaba desventajas a esta nueva modalidad de progreso moderno, pero que llegó a las ciudades de influencia, como lo serán Panamá y Colón, así lo detalla Mariano Arosemena en Apuntamientos históricos, señalando que para 1825 toma auge un movimiento para reformar la comunicación entre el océano Atlántico y Pacífico.

“El otro de la comunicación de los grandes océanos Atlántico y Pacifico por medio de un canal, o de una vía férrea, que formara por el arte uno solo de los dos mares”. No obstante, las evidencias en el Istmo son lo bastante acercadas a la realidad que vivía el territorio, eso lo podemos ver en las notas de viajeros y los memoriales, como será el caso de, Eusebio A. Morales donde menciona “No creo que exista en la Tierra una región que haya experimentado un cambio tan completo y tan trascendental como el que han visto realizarse en menos de diez años los habitantes de las ciudades de Panamá y Colón y de las antiguas poblaciones intermedias”.

La situación de la ciudad de Colón, en 1886, conocida originalmente como Aspinwall, no representaba ser uno de los puertos más importantes entre el Océano Pacífico y el Atlántico, puesto que las impresiones dejadas, en Eusebio A. Morales, era de una ciudad sin trazado de calle y a lo que llamaban calle eran caminos llenos de agua y lodo, pantanoso; encontrabas también, caras macilentas, semblantes pálidos, y con una debilidad física. El viajero Juan Mateos describe un escenario totalmente distinto, en la ciudad de Panamá, para 1907 el desplazamiento de una masa de obrero que llegaba a los trabajos del Canal con sueños e ilusiones, hacían que la población creciera y que estas ciudades se quedaran pequeñas, Mateos hace un balance entre las dos ciudades, describiendo que a las afueras y cercanías de la ciudad de Panamá aún se podía apreciar la espesura de la vegetación malsana, dando albergue a todo género de alimaña e insectos pestíferos.

La tecnología del siglo XIX, marcó nuevas formas de vida y, sobre todo, en puertos, terminales y estaciones, dando así origen a los movimientos del campo, a las ciudades, aunque el caso de Panamá, la cotidianidad son elementos importantes para elaborar una historia, e incursionar en uno de los campos menos estudiados en el país, y siendo partidario de las tendencias que en América Latina son implementadas, me atrevo a decir que Panamá debe considerar formar más investigadores de las ciencias sociales.