Dra. Aracelly De León / Directora del Instituto de la Mujer de la Universidad de Panamá
El 19 de diciembre de 2011, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Resolución 66/170 para declarar el 11 de octubre como Día Internacional de la Niña y reconocer los desafíos únicos a los que enfrentan en todo el mundo, así como promover su empoderamiento y el cumplimiento de sus derechos humanos. Lograr la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y las niñas es parte integral de cada uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible. Solo garantizando los derechos de las mujeres y las niñas en todos los objetivos llegaremos a la justicia y la inclusión, a economías que funcionen para todos y a mantener nuestro entorno compartido ahora y para las generaciones futuras. Sin embargo, se han identificado prácticas nocivas que persisten contra las niñas.
Más de 650 millones de mujeres y niñas vivas hoy en día fueron casadas o entraron en uniones informales antes de cumplir 18 años. El matrimonio infantil se ha descrito como un problema invisible en América Latina y el Caribe, es la única zona del mundo que no ha visto disminuciones significativas de esta práctica nociva en los últimos 25 años.
Una de cada cuatro niñas está casada o vive en unión temprana antes de cumplir 18 años. Dos de los acuerdos de derechos humanos más ampliamente aprobados en el mundo, la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN) y la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), prohíben el matrimonio infantil. En conjunto, casi todos los países han firmado o ratificado esos tratados. sido testigos de la formación académica de varios de nuestros presidentes. Entre estos: Guillermo Endara, Manuel Solís Palma, Jorge Illueca, Ricardo de la Espriella y Marco Aurelio Robles Méndez.
La universidad cumple de esta manera con una de sus principales funciones: ser el pedestal sobre la cual descansa el futuro del país al convertirse en un abanico de oportunidades para la juventud. Así lo comprendió, en su momento, el presidente de la República Harmodio Arias y su contralor Leopoldo Arosemena al expresar que no sería por cuestiones de balboas que la Universidad se viera obstaculizada en su misión de formar el capital humano del país. El matrimonio infantil a menudo es un precursor del embarazo precoz.
En los países en desarrollo, las niñas casadas representan la mayoría de los nacimientos de adolescentes. Estos embarazos precoces plantean graves riesgos a la salud de las niñas cuyos cuerpos pudieran no estar suficientemente desarrollados para la maternidad. A nivel mundial, las complicaciones del embarazo y el parto son la principal causa de mortalidad materna. Es necesario hacer muchos cambios para poner fin al matrimonio infantil, incluidos el fortalecimiento y la aplicación de leyes contra la práctica, el fomento de la igualdad entre los géneros y la garantía del compromiso de la comunidad con los derechos de las niñas.
Igualmente, las y los jóvenes deben estar facultados para conocer y reclamar sus derechos. Esto significa que deben recibir información precisa sobre su salud sexual y reproductiva, oportunidades de educación y desarrollo de habilidades, así como contar con plataformas para la participación en la vida comunitaria y cívica. Incluso sucede en los países desarrollados, como los Estados Unidos o el Reino Unido.
Se sabe que el matrimonio infantil tiene lugar en una amplia gama de comunidades, grupos étnicos y religiones. Sin embargo, ese tipo de matrimonio es mucho más frecuente en el mundo en desarrollo, porque uno de sus principales factores determinantes es la pobreza.