Jaime De Freitas /Profesor de la Facultad de Arquitectura y Diseño
Hace ciento veinte años te fusilaron aquí donde estamos sentados en esta plaza del Casco Antiguo, que dicho no sea al pasar, los franceses le cambiaron el nombre cuando defenestraron a España. Si, todavía recuerdo las balas rompiéndome el pecho. Pero lo que me tiene la cabeza de tormenta son varios pensamientos abeja africanizados. Me zumban arremolinados en medio archipiélago Caribe y no entiendo que continúen rapando el poco pelo que le queda a la Tierra Firme. Ya no tan firme Víctor. La minería por oro disfrazado de cobre y el fracking por petróleo, atizan los volcanes. Recuerda que los gringos nos raptaron a Colombia neocolonialista. Bueno, también van ciento veinte añales de aquel asalto a nuestro país. Lo denunciaste en el juicio amañado que te hizo su oligarquía en contubernio con la panameña.
Claro que recuerdo esa alianza gusana, ambas se arrastraban al imperio cachorro que nacía con el hocico rojo cargado de colmillos metálicos vomitando plomo derretido. Recuerdo que bajé de la Negrita a reclamárselo personalmente a mis copartidarios liberales que se les aguaban los helados. Ya muerto los vi, seis meses después, arruinados sentaditos en la mesa de la traición a la patria, terratenientes y comerciantes con sacos y bigotes engomados, tiesa el alma para la fake foto de próceres.
Debajo de esa mesa estaba la bolsa de cuarenta millones de coima con que el yanqui cabrón les compró la soberanía por la que veníamos matándonos desde 1830. Y les sigue dando, ahora como préstamos que ellos se jamonean y nosotros pagamos con hambre, enfermedad y muerte cotidiana. Es increíble, sino lo estuviera viendo desde acá arriba, no me lo tragaría. En mi época, tenía que devolver hombres que subían a nosotros porque no había suficientes armas. ¿Dónde está el relevo generacional de los bellacos que comandé? ¿Qué pasa, nadie tiene sangre? Es un síndrome, Lorenzo. Héroe es el ladrón que puede pagarse el culto a su personalidad.
Viejos oligarcas sedientos de más dinero, jóvenes capas medias que se burocratizan tras cómodos nichos salariales, izquierdistas derrotados que ansían un presidente, montados en sindicalismo miope que envejeció chocando contra el alto costo con una escalerita de sal diaria; todos ellos participan de la farsa electorera después que permitieron tu trágica ejecución. Son cobardes, egoístas, sectarios, racistas, etc. Cierto Jaime, ahora mismo con su hedionda nariz de rata olfatean el verde queso con que los soborna el Tribunal Electoral. Lo segundo que me hizo bajar del cerro fue la tecnología, nos habían vencido con ella en el puente de Calidonia en 1900.
Vine a decirle a los criollitos que debíamos desarrollarla para defendernos, por eso mi último deseo fue dar un paseo por las bóvedas en un automóvil, ¡qué maravilla! Niegan el calentamiento global, mientras los aviones rasgan el escudo de ozono cada quince segundos en una procesión asesina y el imperialismo cultural envenena al joven su espíritu rebelde con futbol, música cochina, fentanilo robado a los enfermos, etc. Pero la niñez descifra tu enigma, entiende que plomo no mata paloma, que tu grito de pan, tierra y libertad no tiene el eco callado, que tu sangre arde en todo pebetero de lucha. ¡Ay! la posible vanguardia vaga zombi. ¡Mierda, todos se rindieron carajo!